El 6 de noviembre llega Origins 1971–1978, una caja editada por UMe que reúne las primeras grabaciones de Tom Petty & the Heartbreakers. Cinco elepés más un DVD y un Blu-ray, o cuatro CDs más el mismo paquete audiovisual. Eso es lo que hay sobre la mesa. Y la pregunta que surge sola es cuánta gente sabe realmente de dónde venía Petty antes de que Damn the Torpedoes lo convirtiera en una certeza.
Petty murió en octubre de 2017. Desde entonces, su catálogo ha funcionado con esa mezcla de respeto y olvido selectivo que suele acompañar a los grandes del rock americano clásico. Se escucha Free Fallin’ en la radio, se usa Running Down a Dream en anuncios, y el resto queda en segundo plano. Esta caja no viene a rescatar un nombre olvidado. Viene a completar una historia que siempre tuvo un capítulo sin leer.
Lo que Origins 1971–1978 captura, según lo que se conoce del anuncio, son los años de formación. El período en que Petty todavía estaba convirtiéndose en Petty. Eso, en términos musicales, es exactamente lo más interesante.
De Gainesville a ningún sitio, y luego a todas partes
Tom Petty empezó en Florida. Gainesville, para ser exactos. Antes de los Heartbreakers hubo otras bandas, otras grabaciones, otros intentos. Mudcrutch fue la más conocida de esa etapa previa, y de hecho UMe ya había rescatado material de esa formación en años anteriores. Pero lo que abarca esta caja va más allá de una sola banda. Cubre siete años. Del 71 al 78. Siete años que van desde un adolescente tocando en garajes hasta el artista que estaba a punto de grabar uno de los discos de rock americano más sólidos de finales de los setenta.
Los Heartbreakers como banda se formaron en 1976. Su primer álbum homónimo salió en 1976 también, y fue ignorado en Estados Unidos casi por completo antes de que el Reino Unido lo adoptara con entusiasmo. Esa historia de éxito tardío y reconocimiento cruzado es parte de lo que hace interesante este período. No era una banda que llegó arriba de golpe. Fue una banda que tardó en encontrar su público, y que mientras tanto siguió grabando.
Siete años de material previo al éxito masivo. Eso es lo que esta caja pone encima de la mesa.
Por qué las cajas de formación valen más que las de grandes éxitos
Hay un tipo de recopilación que no sirve para nada. La que mete los mismos diez temas de siempre en una caja bonita con un libreto de fotos. Eso es merchandising, no archivo. Origins 1971–1978 apunta a ser otra cosa, aunque con los datos disponibles por ahora hay que ser cuidadoso antes de afirmarlo con rotundidad.
Lo que sí se puede decir es que el período que abarca tiene un valor musical específico. Las grabaciones de formación de un artista son el único lugar donde se puede escuchar cómo se construye un sonido. No el sonido ya terminado, pulido y listo para la radio. El proceso. Las decisiones que se tomaron y las que se descartaron. Las influencias que todavía no habían sido digeridas del todo.
En el caso de Petty, eso significa escuchar a alguien que venía del rock sureño, que había crecido con Elvis y los Byrds, que tenía una relación particular con la melodía y con la economía de las letras, y que todavía estaba encontrando la manera de juntar todo eso en algo propio. Ese proceso no aparece en Damn the Torpedoes. Aparece aquí.
El formato físico también dice algo. Cinco elepés o cuatro CDs, más vídeo. Esto no está pensado para el oyente casual que escucha en Spotify mientras hace la compra. Está pensado para quien quiere sentarse con el material, leer el libreto, entender la secuencia. En un momento en que el streaming ha convertido el álbum en una lista de reproducción más, una caja así es casi un acto político.
Un sonido que todavía no sabía que iba a ser ese sonido
Con la información disponible por ahora, no se puede entrar en el detalle de qué temas concretos incluye la caja ni en qué estado de producción llegaron. Pero sí se puede hablar de lo que musicalmente representa ese período.
El Petty de 1971 tenía diecinueve años. Estaba tocando en una escena sureña que mezclaba rock, country y algo de soul sin que nadie le hubiera puesto todavía una etiqueta clara. La guitarra era el centro, pero no de una manera virtuosa ni exhibicionista. Petty siempre fue un guitarrista de canciones, no de solos. Eso se nota desde el principio.
Lo que se puede decir de momento es que si estas grabaciones muestran la evolución hacia el sonido que cuajó en el primer álbum de los Heartbreakers, hay ahí una lección de cómo se construye una identidad musical sin prisas y sin presión externa. Porque en 1971 nadie esperaba nada de Tom Petty. Esa libertad, a veces, produce el material más honesto de una carrera.
La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto al artista dentro de la conversación sobre el rock americano de los setenta. Petty siempre estuvo un poco al margen de las grandes narrativas del rock clásico. No era de Los Ángeles ni de Nueva York. No era punk ni arena rock. Era otra cosa, y esa otra cosa empezó a tomar forma exactamente en los años que cubre esta caja.
Lo que habrá que ver cuando llegue noviembre
La fecha es el 6 de noviembre. Hasta entonces, lo que hay es el anuncio y el formato. Nada de tracklist confirmado públicamente, nada de adelantos escuchables, nada de declaraciones del estate de Petty sobre qué criterio se usó para seleccionar el material.
Eso es lo primero que habrá que revisar cuando llegue más información. El criterio de selección importa mucho en una caja de archivo. No es lo mismo elegir las tomas más pulidas que elegir las más reveladoras. No es lo mismo ordenar el material cronológicamente que hacerlo temáticamente. Esas decisiones editoriales determinan si una caja así es un documento musical serio o un producto de catálogo bien empaquetado.
El estate de Petty ha sido razonablemente cuidadoso con el legado desde 2017. Eso da cierta confianza. Pero la confianza no es una garantía, y con siete años de material en juego, las posibilidades de que esto sea algo genuinamente valioso son altas, igual que las de que quede en una selección segura y sin riesgo.
Noviembre dirá. Y cuando llegue, valdrá la pena escuchar con atención no el Petty que ya conocemos, sino el que todavía no sabía que iba a convertirse en él.
Fuente original: Una caja recopila las primeras grabaciones de Tom Petty.
