Cada año, cuando llega el 31 de octubre, las playlists de Halloween invaden Spotify con el mismo repertorio de siempre. Thriller, algo de Danny Elfman, quizás Monster Mash, y una cantidad absurda de temas que no asustan a nadie pero que suenan bien en una fiesta con decoración de telarañas. El podcast Revelación o Timo de jenesaispop.com decidió esta semana ir un poco más lejos y hacerse una pregunta que parece obvia pero que en realidad tiene mucha miga, ¿existe realmente la música que da miedo?
La respuesta corta es que sí, pero no de la forma en que la industria del entretenimiento te la vende en octubre. La respuesta larga ocupa un episodio entero y toca desde John Carpenter hasta Nine Inch Nails, pasando por Tubular Bells y los discos en reversa. Merece la pena seguir el hilo.
El episodio arranca con cine de terror, desde el fenómeno de Backrooms, al que califican directamente de bluf, hasta la recomendación de Obsession. Pero el corazón del asunto está en la música, y ahí es donde la conversación se vuelve interesante de verdad.
John Carpenter, el tritono y todo lo que aprendimos a temer antes de saber por qué
Hablar de música de terror sin mencionar a John Carpenter sería como hablar de cocina italiana sin mencionar la pasta. Carpenter no solo dirigió Halloween, también compuso su banda sonora, y esa decisión cambió para siempre cómo entendemos el miedo en el cine. Un motivo de piano en compás de 5/4, repetido hasta que te mete dentro de la piel. Sin orquesta, sin grandilocuencia. Solo el patrón que no para.
Eso es el ostinato, uno de los conceptos que Claudio M. de Prado aborda en el episodio. Una figura rítmica o melódica que se repite de forma obsesiva hasta que el cerebro empieza a percibir amenaza donde antes no había nada. Es una herramienta vieja, usada en música clásica mucho antes de que existiera el cine, pero el terror cinematográfico la convirtió en un lenguaje propio.
El tritono es otra pieza del puzzle. Durante siglos se le llamó diabolus in musica, el intervalo prohibido, el que sonaba mal en la teoría musical medieval y que por eso mismo acabó asociado a lo oscuro, lo amenazante, lo que no debería estar ahí. Hoy lo escuchas en bandas sonoras, en metal, en ambient industrial, y el efecto sigue funcionando porque está grabado en algún lugar de la memoria colectiva occidental.
Tubular Bells de Mike Oldfield es otro caso que el episodio rescata con razón. Ese tema no nació para asustar a nadie, era música progresiva experimental de un chico de diecinueve años. Pero cuando William Friedkin lo usó en El exorcista, quedó sellado para siempre. Ahora es imposible escucharlo sin que algo en el estómago se mueva. Eso dice mucho sobre cómo funciona el miedo sonoro, no es intrínseco a las notas, sino a lo que las notas han tocado antes.
Lo que las playlists de Halloween no te cuentan sobre el miedo real
El episodio también habla del boom de las playlists de Halloween en plataformas de streaming, y aquí es donde la cosa se pone más incómoda. La mayoría de esas listas son, como bien señalan, más hedonistas que terroríficas. Psycho Killer de Talking Heads suena ahí porque tiene la palabra killer en el título. Bad Romance de Lady Gaga porque tiene un videoclip con estética gótica. Nadie se asusta, todo el mundo baila.
Y eso tiene su lógica comercial, claro. Halloween es una fecha en el calendario de consumo, no una invitación a la incomodidad genuina. Las plataformas quieren que escuches, que hagas clic, que añadas a tu biblioteca. Una playlist que realmente te pusiera los pelos de punta probablemente la cerrarías a los cinco minutos. El algoritmo no está diseñado para hacerte pasar un mal rato.
Pero la pregunta que lanza el episodio es más interesante que la queja fácil sobre el capitalismo de Halloween. ¿Puede la música dar miedo sin imágenes? ¿O siempre necesita ese apoyo visual, esa banda sonora que condiciona la escucha? La respuesta, si eres honesto, es que depende. Nine Inch Nails en sus momentos más industriales consigue una incomodidad que no necesita pantalla. Cierto ambient de artistas como Burial o Demdike Stare genera una atmósfera que no necesitas ver para sentir. Pero son casos concretos, no la norma.
Cuando el sonido se dobla sobre sí mismo y ya no sabes qué estás oyendo
El tema de los discos en reversa que aborda Claudio M. de Prado en el episodio es quizás el más curioso de todos. Durante décadas, la idea de que ciertos artistas escondían mensajes satánicos en sus grabaciones reproducidas al revés generó pánico moral genuino. Judas Priest llegó a juicio en Estados Unidos por ello en 1990. El caso se desestimó, pero el daño cultural ya estaba hecho.
Lo interesante no es si los mensajes existían o no, en su mayoría eran pareidolia auditiva, el cerebro buscando patrones donde no los hay. Lo interesante es por qué esa idea asustaba tanto. Porque implica que la música puede contener algo que no controlas, algo que está ahí sin que lo sepas, algo que actúa sobre ti sin tu permiso. Y eso, más que cualquier tritono, es lo que de verdad pone nerviosa a la gente.
Con la información disponible por ahora, el episodio parece moverse entre la divulgación musical y el ensayo cultural, que es exactamente el territorio donde este tipo de conversaciones son más útiles. Si esta línea de análisis sigue en próximas entregas, Revelación o Timo tiene material para varios capítulos más.
Lo que queda por explorar cuando el disfraz ya está guardado
El problema con los episodios de Halloween es que caducan. Llega el 1 de noviembre y nadie quiere saber nada de calabazas ni de terror hasta el año siguiente. Pero las preguntas que lanza este capítulo no caducan con la fecha.
La relación entre música e imagen, entre sonido y emoción condicionada, entre el miedo que se vende y el miedo que se siente, eso es territorio que da para mucho más que un episodio temático. La pregunta interesante no es solo qué música da miedo, sino por qué hemos construido un lenguaje sonoro del terror tan reconocible y tan difícil de sacudir. Por qué ciertos intervalos, ciertos timbres, ciertos patrones rítmicos siguen funcionando aunque los conozcas de sobra.
Eso no lo resuelve una playlist de Spotify. Y tampoco lo resuelve un solo episodio de podcast, por bueno que sea. Pero al menos este lo intenta con algo más que Thriller en bucle.
Fuente original: ¿Hay música que dé miedo?.
