Frank Beard murió. El batería de ZZ Top, el hombre que durante más de cinco décadas sostuvo el ritmo de una de las bandas más reconocibles del rock americano, ya no está. La noticia llega sin muchos detalles por ahora, pero el peso de lo que significa no necesita explicación larga. ZZ Top perdió a Billy Gibbons hace unos meses en términos de continuidad real de la banda, y ahora pierde a otro de sus pilares fundacionales. Lo que queda de ese trío de Texas ya no es lo mismo.

Frank Beard era, con cierta ironía que siempre se señalaba, el único miembro de ZZ Top que no llevaba barba. Billy Gibbons y Dusty Hill con sus barbas kilométricas, y el batería llamado Beard afeitado. Un chiste que duró décadas y que él llevó con buen humor. Pero más allá del dato anecdótico, Beard era el motor silencioso de una banda que construyó su sonido sobre el groove tanto como sobre la guitarra.

Por ahora la información disponible es escasa. No hay confirmación oficial de causa de muerte ni de fecha exacta más allá de la noticia circulando. Se escribe con esa cautela.

Cincuenta años marcando el tiempo en Texas

ZZ Top se formó en Houston en 1969. Beard estuvo desde el principio, junto a Billy Gibbons y al bajista Dusty Hill, que murió en julio de 2021. Tres músicos que aguantaron juntos más de medio siglo sin cambios de formación, algo casi imposible en el rock. Esa estabilidad no era casualidad. Era carácter.

La banda publicó discos fundamentales del rock americano. Tres Hombres en 1973, con «La Grange» y «Tush», definió lo que ZZ Top podía hacer cuando apretaba. Luego vinieron los años ochenta, los videoclips de MTV, las chicas con las piernas largas, los coches brillantes y los sintetizadores mezclados con blues de Texas. Eliminator en 1983 los convirtió en fenómeno global. Mucha gente los descubrió ahí. Mucha otra nunca les perdonó que se acercaran tanto al pop.

Beard aguantó todos esos virajes. El blues sucio de los setenta, el rock comercial de los ochenta, los intentos de volver a las raíces en los noventa. Su batería nunca fue espectacular en el sentido de los solos interminables o los platillos por todas partes. Era funcional en el mejor sentido de la palabra. Hacía que la música se moviera. Que el groove de Gibbons tuviera tierra firme debajo.

Lo que se va con él y lo que eso dice del rock clásico americano

Dusty Hill murió hace menos de cuatro años. Ahora Beard. Billy Gibbons sigue vivo y sigue publicando música en solitario, pero ZZ Top como entidad real, como banda de tres personas que se conocen desde los diecinueve años, ya no existe. No en ningún sentido que importe.

Esto no es solo una pérdida personal o sentimental. Es un recordatorio de que una generación entera de músicos que construyeron el rock americano desde los sesenta y setenta se está yendo, y se va deprisa. En los últimos años han muerto Charlie Watts, Taylor Hawkins, Jeff Beck, Robbie Robertson, y ahora Beard. Cada uno de ellos era una pieza de algo que no se puede reconstruir. No porque el rock haya muerto, sino porque ese rock específico, ese sonido de banda que toca junta durante décadas y desarrolla un lenguaje propio, es irrepetible por definición.

La industria lleva años intentando convencer a todo el mundo de que el streaming democratiza la música y que cualquiera puede llegar a cualquier parte. Puede que sea verdad en términos de distribución. Pero lo que no democratiza es el tiempo. Beard y Gibbons y Hill tocaron juntos durante décadas. Eso no se compra ni se sube a ninguna plataforma.

Un baterista que no necesitaba llamar la atención para que lo notaras

Frank Beard no era John Bonham. No era Keith Moon. No era el tipo que se comía el escenario con la batería mientras el resto de la banda miraba. Era otra cosa, y esa otra cosa es igual de valiosa aunque venda menos camisetas.

Escucha «Sharp Dressed Man» o «Gimme All Your Lovin'» prestando atención a lo que hace la batería. No hay artificios. Hay tempo, hay groove, hay una solidez que hace que la guitarra de Gibbons suene más grande de lo que sonaría sin ese colchón debajo. Eso es lo que hacen los buenos bateristas de rock, sostener sin hundirse, empujar sin atropellar. Beard lo hacía bien durante cincuenta años.

Con la información disponible por ahora no se puede decir mucho más sobre su obra en detalle. Pero lo que sí se puede decir es que su estilo encajaba perfectamente con lo que ZZ Top necesitaba. Una banda que vendía actitud, imagen y blues electrificado no necesitaba un baterista que robara protagonismo. Necesitaba uno que hiciera que todo lo demás funcionara. Beard fue ese músico.

Lo que queda por saber y lo que ya no va a cambiar

En los próximos días llegarán más detalles sobre las circunstancias de su muerte, probablemente declaraciones de Billy Gibbons, homenajes de otros músicos y el ciclo habitual de obituarios. Habrá listas de sus mejores momentos, vídeos de actuaciones en directo, la inevitable discusión sobre cuál era el mejor disco de ZZ Top.

Todo eso está bien. Todo eso es necesario, de alguna manera.

Lo que no va a cambiar es que ZZ Top ya no tiene a dos de sus tres miembros originales. Gibbons puede seguir usando el nombre, puede girar con músicos de sesión, puede publicar discos. Tiene todo el derecho. Pero la banda que grabó Tres Hombres y Eliminator y que se subió a los escenarios durante más de cincuenta años sin cambiar su formación ya es historia. Frank Beard era parte de esa historia. Una parte que no se reemplaza.

Fuente original: Muere el batería de ZZ TOP, Frank Beard..

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