El 22 de enero llega una nueva edición de Animals, el disco que Pink Floyd publicó en 1977 y que, medio siglo después, Sony Legacy ha decidido recuperar con un paquete de formatos que incluye vinilo, CD y extras hasta ahora inéditos. Cincuenta años son muchos años para cualquier álbum. Para este en concreto, que llegó justo en el momento en que el rock progresivo empezaba a perder pie frente al punk, son casi una declaración de principios.
La edición incluye tres elepés de vinilo de 180 gramos con la mezcla original de 1977, la remezcla de 2018 y rarezas. También cinco CDs con esas mismas mezclas y material adicional. Es el tipo de lanzamiento que en la industria llaman «edición de lujo» y que puede ir desde lo imprescindible hasta lo puramente decorativo. En este caso, la pregunta es si el contenido justifica la etiqueta o si estamos ante otro cofre bonito para la estantería.
Con la información disponible por ahora, hay suficiente para hablar de lo que Animals fue, de lo que sigue siendo, y de por qué este aniversario llega en un momento en que el formato físico ha dejado de ser residual para convertirse en algo con peso propio otra vez.
El disco que nadie esperaba de Pink Floyd en 1977
Cuando Animals salió, Pink Floyd llevaba tres años viviendo de la sombra de The Dark Side of the Moon. Wish You Were Here había sido el intento de procesar ese éxito brutal y de cerrar el capítulo Syd Barrett con algo de dignidad. Animals fue otra cosa. Más dura, más política, más incómoda.
Roger Waters tomó Rebelión en la granja de Orwell y la convirtió en tres arquetipos, perros, cerdos y ovejas, para hablar de poder, sumisión y codicia en la Inglaterra de mediados de los setenta. El resultado sonaba más oscuro que cualquier cosa que hubieran hecho antes. Menos psicodelia de laboratorio, más rabia contenida. Y llegó en el peor momento posible para el rock progresivo, justo cuando el punk estaba diciéndole a toda esa generación que se había vuelto demasiado seria, demasiado cara, demasiado lejos del suelo.
La paradoja es que Animals sobrevivió precisamente porque tenía algo que el punk también tenía, furia real. No era un disco de virtuosismo por el virtuosismo. Era un disco con algo que decir, y eso no caduca.
La remezcla de 2018, que también forma parte de esta nueva edición, llegó con polémica. David Gilmour la impulsó. Roger Waters se opuso públicamente, argumentando que se hacía sin su consentimiento y alteraba el trabajo original. La historia de Pink Floyd sin tensiones internas no sería la historia de Pink Floyd, pero en este caso el conflicto dejó una pregunta en el aire que esta edición vuelve a poner sobre la mesa, ¿cuál es la versión definitiva de un disco cuando los propios autores no se ponen de acuerdo?
Lo que dice este lanzamiento sobre el vinilo y el fan que paga por tener algo físico
Hay un patrón claro en la industria musical de los últimos años. Los grandes catálogos vuelven en ediciones especiales cada vez que hay un aniversario redondo. A veces el contenido extra justifica la compra. A veces es solo una excusa para facturar sobre un activo que ya está amortizado hace décadas.
Esta edición de Animals tiene al menos una cosa a su favor, la remezcla de 2018 ya existía y ya generó debate, así que incluirla junto a la mezcla original de 1977 tiene sentido documental real. No es solo meter la misma música en un vinilo más grueso y cobrar el doble. Hay dos versiones distintas de un mismo disco, con dos visiones distintas de cómo debería sonar, y eso convierte la comparación en algo que vale la pena escuchar de verdad.
El vinilo ha recuperado un peso que hace quince años nadie le hubiera dado. Las cifras de ventas de formato físico llevan varios años subiendo, impulsadas sobre todo por el vinilo, y el público que compra no es solo el coleccionista de cincuenta años con estantería llena de gatefolds. Hay gente joven que quiere tener algo tangible en un mundo donde todo es efímero y desaparece de una playlist sin aviso. Animals en vinilo de 180 gramos es, entre otras cosas, un objeto que no va a desaparecer de un catálogo cuando caduque una licencia.
Eso no convierte automáticamente a Sony Legacy en una entidad altruista. Es un negocio. Pero el negocio y el valor real del producto no son siempre incompatibles, y aquí hay argumentos para los dos lados.
Perros, cerdos y guitarras de nueve minutos que siguen funcionando
Lo que hace que Animals aguante cincuenta años no es la nostalgia. Es la construcción de las canciones.
Dogs dura más de dieciséis minutos y no se hace larga. Eso no es fácil. La guitarra de Gilmour en esa canción tiene un peso específico que pocas cosas en el rock de los setenta consiguieron igualar, no por técnica pura, sino por cómo cada nota ocupa exactamente el espacio que necesita. Waters en el bajo y en la voz construye una tensión que no se resuelve nunca del todo, y eso es exactamente lo que la letra pide.
Pigs (Three Different Ones) es más directa, más sucia, con ese talkbox que Gilmour usó para que la guitarra sonara casi humana, casi burlona. Y Sheep cierra el disco con una energía que, en 1977, debía sonar casi punk para los estándares de una banda que venía de hacer suites de veinte minutos.
La remezcla de 2018 ajusta el espacio sonoro, abre más el campo estéreo, da más presencia a ciertos elementos. Si suena mejor o peor depende de a quién se le pregunte, y esa es exactamente la conversación que esta edición vuelve a abrir. Tener las dos versiones en el mismo paquete es, al menos, honesto. Deja que cada oyente decida.
Lo que queda por saber antes del 22 de enero
Falta conocer el precio definitivo de la edición completa, que con cinco CDs y tres vinilos de 180 gramos no va a ser barato. Eso importa, porque determina si esto está pensado para el fan que quiere escuchar el disco de verdad o para el coleccionista que quiere el objeto en la estantería. Las dos cosas son legítimas, pero no son lo mismo.
También queda por ver si Roger Waters hace algún movimiento público alrededor de este lanzamiento. Su posición sobre la remezcla de 2018 fue clara, y una edición que incluye esa versión como parte oficial del paquete podría reavivar una discusión que nunca se cerró del todo.
Lo que sí está claro es que Animals no necesita el aniversario para justificar su existencia. El disco se justifica solo. La pregunta que queda es si esta edición añade algo real a la experiencia de escucharlo, o si es simplemente un buen disco dentro de una caja más grande. El 22 de enero se verá.
Fuente original: Animals de Pink Floyd celebra su 50 aniversario con una nueva edición.
