Slipknot acaba de anunciar que Marilyn Manson actuará como telonero en varias fechas de su gira de 2027, incluyendo Wembley y varias paradas en Sudamérica. El anuncio llegó a través de Instagram y la respuesta no tardó. Miles de comentarios, muchos de ellos de fans que llevan décadas siguiendo a la banda de Iowa, diciendo que no comprarán entrada.

No es un rumor ni una filtración. Es un anuncio oficial. Y la reacción que ha generado tampoco es un malentendido ni una tormenta pasajera de redes sociales. Es gente que ha decidido, con nombre y apellido, que este es el límite.

Lo que está sobre la mesa no es si Manson hace buenas canciones. Es algo bastante más complicado que eso.

Por qué Manson sigue siendo un nombre que divide, cuatro años después

En 2021, varias mujeres hicieron públicas acusaciones de abuso contra Brian Warner, el hombre detrás del personaje Marilyn Manson. Entre ellas, Evan Rachel Wood. También Phoebe Bridgers y Ellie Roswell, de Wolf Alice, contaron sus propias experiencias. El impacto fue inmediato. Sellos, representantes y colaboradores tomaron distancia.

Manson lo negó todo. Dijo que sus relaciones fueron consentidas. Y siguió trabajando.

Desde entonces, el panorama legal ha evolucionado de forma desigual. En 2024, Manson llegó a un acuerdo con Wood que incluía el pago de sus gastos legales. En 2025, la investigación penal de Los Ángeles se cerró sin cargos, con la fiscalía argumentando que los posibles delitos de violencia doméstica habían prescrito y que no podía demostrar las acusaciones de agresión sexual más allá de toda duda razonable. Eso no es una absolución moral, es un resultado procesal. La diferencia importa.

Lo que sí sigue abierto es el caso civil de Ashley Walters, su antigua asistente, con juicio previsto para 2027. El mismo año de la gira.

Manson ha seguido girando con total normalidad. Tocó en España hace poco. Sus últimos discos han tenido mucho menos impacto que su época de oro, pero él no ha parado. La narrativa de la cancelación, en su caso, nunca terminó de cuajar en la práctica.

Lo que este anuncio revela sobre cómo la industria gestiona este tipo de decisiones

Slipknot no ha elegido a Manson por descuido. Hay una lógica detrás que uno de los propios fans señaló en los comentarios, la coincidencia de público entre ambas propuestas es enorme. Son dos nombres del metal alternativo de los noventa y dos mil que comparten una audiencia de décadas. Sobre el papel, es una apuesta segura en términos de taquilla.

Y ahí está el problema. Porque cuando la decisión se toma únicamente desde esa lógica, lo que se está diciendo implícitamente es que las acusaciones no pesan lo suficiente como para afectar al negocio. No hace falta que nadie lo diga en voz alta. El cartel lo dice solo.

Esto no es nuevo. La industria del rock y del metal tiene un historial largo de separar al artista de sus acciones cuando el artista sigue siendo rentable. Lo que sí ha cambiado en los últimos años es que una parte del público ya no acepta esa separación sin decir nada. Los comentarios de Instagram de Slipknot son un ejemplo de eso. Gente que lleva toda la vida comprando entradas diciéndole a la banda que esta vez no.

Eso tiene peso. No sé si tiene el peso suficiente para cambiar algo, pero tiene peso.

El sonido no es el debate, aunque debería estar en algún lugar de la conversación

Con la información disponible por ahora, no hay mucho que decir sobre cómo va a sonar esta gira en términos musicales. Lo que sí se puede decir es que Manson lleva varios discos sin encontrar la fórmula que le devuelva la relevancia sonora que tuvo entre Antichrist Superstar y Holy Wood. Su provocación estética, que fue genuinamente disruptiva en los noventa, lleva tiempo funcionando más como marca que como propuesta artística real.

Slipknot, por su parte, sigue siendo una de las bandas de metal más grandes del mundo en directo. Su capacidad para llenar estadios no está en discusión. La pregunta interesante no es solo cómo suena este emparejamiento, sino qué dice sobre dónde está parada la banda ahora mismo y a qué tipo de decisiones está dispuesta cuando tiene que construir un cartel.

Si esta gira sigue el camino que apunta el anuncio, será un espectáculo de producción enorme con dos nombres que arrastran décadas de historia. Lo que queda por ver es si eso es suficiente para la parte del público que ya ha dicho que no estará.

Lo que queda por resolver antes de que empiecen a sonar las guitarras en Wembley

El juicio civil de Ashley Walters está previsto para 2027. El mismo año de la gira. Eso no es un detalle menor. Dependiendo de cómo evolucione ese proceso, la presión sobre Slipknot para reconsiderar el cartel podría aumentar bastante. O no. La industria tiene una capacidad notable para seguir adelante mientras los tribunales hacen su trabajo.

Lo que sí va a pasar es que cada nueva fecha que se anuncie va a reabrir este debate. Cada entrevista que den los miembros de Slipknot va a incluir preguntas sobre esta decisión. Y cada fan que diga que no va a ir es un fan que antes siempre iba.

No sé si Slipknot va a cambiar de opinión. Probablemente no. Pero la pregunta que se queda flotando es bastante simple, ¿cuántos fans de toda la vida tiene que perder una banda para que una decisión de cartel deje de ser rentable? Porque ese es el único argumento que, en este contexto, parece que todavía mueve algo.

Fuente original: Backlash a Slipknot por anunciar gira con Marilyn Manson.

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