El 22 de septiembre de 2026, mientras La Oreja de Van Gogh tocaba en Madrid con Amaia Montero al frente, alguien repartía abanicos promocionales de Braun fuera del recinto. Abanicos con la cara de Leire Martínez. No es un chiste. Es lo que pasó.
Para entender por qué eso es tan surrealista, hay que saber qué está haciendo Leire estos días. La cantante protagoniza una campaña publicitaria para Braun en la que aparece tumbada en una cama rodeada de flores, en una recreación bastante explícita de la portada de Lo que te conté mientras te hacías la dormida, el disco de La Oreja de Van Gogh. El eslogan de la campaña, «Cuando empiezas a ir por libre, todo mejora», no deja margen para la interpretación. Leire sabe exactamente lo que está haciendo. Y lo ha hecho.
Lo que ya nadie tenía en el guión era que esa campaña acabara colándose físicamente dentro del evento de la banda de la que salió. Alguien, en algún momento, tomó la decisión de distribuir ese material promocional a las puertas de ese concierto concreto. ¿A quién se le ocurre? Es una pregunta legítima, no retórica.
Dos años de roces, una portada y un anuncio que lo dice todo sin decirlo
Leire Martínez dejó La Oreja de Van Gogh en 2023 después de años siendo la voz del grupo. La salida no fue limpia, o al menos no lo pareció desde fuera. Cuando publicó Tu nombre, muchos leyeron en la letra una alusión directa a aquella ruptura. Leire nunca lo confirmó del todo, pero tampoco lo desmintió con mucha energía.
Amaia Montero, la cantante original de la banda, volvió al grupo. Y con eso, la narrativa de «las dos voces de La Oreja» se convirtió en el tema recurrente de cualquier entrevista que cualquiera de las dos concediera. Leire ya había intentado cerrar el grifo esta misma semana, diciendo que no iba a pronunciarse sobre el regreso de Amaia «por respeto» y que no comprendía «esta insistencia con temas que creo que ya no dan para más».
Y entonces salió el anuncio de Braun.
Hay una cierta incoherencia ahí que vale la pena nombrar. Si haces una campaña construida sobre la imagen de un disco de La Oreja, con un eslogan sobre «ir por libre», y luego dices que el tema ya no da para más, es difícil que te crean. No porque tengas que rendir cuentas a nadie, sino porque las dos cosas no encajan. Leire puede hacer el anuncio que quiera. Pero no puede hacer ese anuncio y después sorprenderse de que la conversación continúe.
Lo que Amaia añadió en «El último vals» y por qué importa aunque no lo dijera en voz alta
Durante el concierto del 22 de septiembre, Amaia modificó la letra de El último vals. En el fragmento «Cuando todo acabe», añadió una frase, «y que acabe ya, por favor». No dijo que fuera para Leire. No mencionó a nadie. Pero el contexto lo convierte en algo difícil de ignorar.
Las reacciones en redes se dividieron exactamente como cabría esperar. Hay quien lo lee como una pullita directa y considera que Amaia no está siendo especialmente profesional. Hay quien defiende que sin confirmación explícita todo son proyecciones. Y hay quien señala algo que merece más atención de la que está recibiendo, que en toda esta historia los cuatro hombres del grupo, Haritz, Pablo, Xabi y Álvaro, no han dicho absolutamente nada. Guardan silencio mientras las dos mujeres acumulan toda la presión mediática, todas las preguntas y toda la narrativa del conflicto.
Eso no es un detalle menor. Es el patrón de siempre. Dos mujeres visibles, enfrentadas en titulares, mientras el resto del grupo existe en una especie de zona neutral donde nadie les pregunta nada incómodo. No hace falta inventar una conspiración para ver que eso es un problema.
Una canción modificada en directo dice más sobre el estado del pop español que cualquier declaración
Cambiar una letra en directo es un acto con peso. No es un tuit, no es una story, no desaparece en 24 horas. Queda en los vídeos de los asistentes, queda en la memoria del concierto. Si Amaia lo hizo conscientemente como respuesta a Leire, es un movimiento calculado con una audiencia en directo como testigo. Si no lo hizo con esa intención, el resultado es el mismo porque el contexto lo carga de significado de todas formas.
Lo interesante musicalmente no es el drama, es que una canción de La Oreja de Van Gogh del año 2003 siga siendo el terreno donde se libran estas batallas en 2026. El último vals tiene más de veinte años. El hecho de que ese repertorio todavía funcione como campo de juego emocional para las personas que lo hicieron, y para el público que lo escucha, dice algo sobre la durabilidad de aquellos discos que va más allá de la nostalgia. No son canciones que la gente recuerde con cariño. Son canciones que la gente todavía siente.
Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que tanto Leire como Amaia están usando la música y los símbolos de esa música como lenguaje. Uno más explícito que el otro, pero los dos. Y eso, aunque el contexto sea un lío de comunicados y anuncios de afeitadoras, es una forma de tomarse en serio lo que hicieron juntas, aunque sea para ajustar cuentas.
Lo que queda por ver cuando baje el ruido de las redes
El anuncio de Braun seguirá circulando. La gira de La Oreja con Amaia continúa. Y Leire tiene una carrera en solitario que defender con algo más que campañas publicitarias ingeniosas, por mucho que esta haya generado conversación.
La pregunta que nadie está haciendo, y que tarde o temprano alguien tendrá que responder, es si toda esta energía acaba convirtiéndose en música nueva o se queda en el ruido de fondo de una rivalidad que alimenta titulares pero no discos. Leire lleva tiempo construyendo una identidad propia fuera del grupo. Amaia lleva tiempo reconstruyendo su lugar dentro de él. Las dos tienen algo que demostrar, y las dos tienen herramientas para hacerlo.
Mientras tanto, Haritz, Pablo, Xabi y Álvaro siguen tocando. Tranquilos. Sin que nadie les pregunte nada.
Fuente original: Leire parodia una portada de La Oreja… ¿y Amaia responde?.
