Noel Gallagher pasó los primeros cuarenta minutos del primer concierto de la reunión de Oasis sin saber muy bien dónde estaba, con ganas de volver al backstage. Eso lo cuenta él mismo en Don’t Look Back In Anger, el nuevo documental sobre la gira de regreso de la banda. Un hombre que vendió millones desde su primer disco, que tocó para 250.000 personas antes de cumplir 30 años, que nunca dejó de cantar los temas de Oasis en solitario delante de miles de personas, y aun así no había calibrado lo que esta reunión iba a significar para tanta gente. Eso ya dice algo.

El documental existe porque la gira fue un fenómeno que desbordó cualquier expectativa razonable. Las entradas volaron en cuestión de minutos pese a programarse en estadios enormes, los precios dinámicos generaron una polémica considerable, y mucha gente se quedó fuera. Todo eso queda fuera de la película, por cierto. Pero vayamos por partes.

Una gira que volvió a colocar a Oasis en el centro de todo

Oasis llevaban quince años separados cuando anunciaron la reunión. Liam y Noel Gallagher habían dejado de hablarse hasta el punto de que sus hijos ni siquiera se conocían. El primer concierto en Cardiff se convirtió en algo mítico casi antes de empezar, y la gira recorrió estadios de distintas partes del mundo con una demanda que pocos grupos del planeta pueden generar hoy.

Detrás de la cámara están Dylan Southern y Will Lovelace, los mismos directores que firmaron documentales sobre Blur y LCD Soundsystem. Gente que sabe lo que hace. Para capturar los primeros ensayos tras la reunión, instalaron diez cámaras fijas en el local y dejaron que las cosas pasaran. Liam, que básicamente toca la pandereta-sombrero, llega el último, como era de esperar. Su primera entrada y alguna de sus salidas no decepcionan. El guion es de Steven Knight, el creador de Peaky Blinders. Con ese equipo sobre el papel, las expectativas eran altas.

Lo que el documental elige no preguntar

Aquí está el problema. Y es un problema gordo.

La película se construye sobre tres pilares. Primero, fans de distintas partes del mundo que lloran, gritan, cantan de rodillas. Uno cuenta que Oasis le sacaron de la depresión. Otra llamó a su perro Bonehead por el guitarrista. Segundo, los ensayos y una entrevista exclusiva con los dos hermanos. Tercero, las actuaciones en estadios, bien rodadas, con buena imagen y mejor sonido. Y eso es todo.

Steven Knight, con todo el acceso que tuvo, no consigue entrar en ningún sitio. No se menciona si el dinero fue el motor de la reunión, y eso que se comenta que Noel salió muy mal parado de su divorcio. No se pregunta qué pasó exactamente en 2009, qué fue la discusión que rompió la banda. El cáncer de Bonehead, que fue noticia pública, directamente no existe en esta película. Y luego está lo de Manchester.

Cuando el documental aborda cómo Don’t Look Back In Anger se convirtió en himno tras los atentados a las puertas del concierto de Ariana Grande en 2017, nadie recuerda que Liam puso a caldo a Noel por no sumarse a los conciertos benéficos. Nadie pregunta por eso. Nadie incomoda a nadie. El subtítulo no oficial de esta película podría ser perfectamente «hooligans con preocupantes problemas para socializar y expresar emociones», y eso lo dice el propio documental sin querer, en los momentos en que los hermanos están en pantalla juntos y el silencio pesa más que cualquier pregunta.

Quien quiera conocer de verdad a Oasis tiene que ver Oasis: Supersonic, el documental de 2016. Aquello era más divertido, más imaginativo formalmente, y no tenía miedo a meterse donde duele.

Clásicos que aguantan el peso de los estadios

Dicho todo lo anterior, hay que ser honesto con lo que sí funciona. Las actuaciones están bien filmadas. Champagne Supernova, Stand By Me, Hello, los dos o tres que todo el mundo conoce aunque no sea fan declarado, suenan prácticamente igual que hace treinta años. Y ellos, pese a los excesos documentados de sus carreras, se conservan sorprendentemente bien. Si la propuesta es ver a Oasis en pantalla grande y a todo volumen, la película cumple.

Los directores recurren a piezas de música clásica, Schubert y Tchaikovsky, en momentos clave de los conciertos para añadir épica. Es un truco, sí. Pero funciona. Arranca alguna lágrima y alguna sonrisa, como el momento en que el director de seguridad da instrucciones citando canciones de la banda. Lo que no arranca son las carcajadas que debería provocar un documental sobre Oasis. Porque Oasis eran humor salvaje, caos con acento de Manchester, algo parecido al espíritu de Derry Girls, y por cierto siguen defendiendo que son irlandeses. Esa energía aquí está domesticada. Más recatados, más maduros, más emisora de radio para público adulto.

Lo que queda pendiente después de ver esto

La pregunta que deja Don’t Look Back In Anger no es si Oasis siguen siendo grandes en directo. Eso ya estaba respondido antes de que empezara la gira. La pregunta es por qué un proyecto con este acceso, con estos directores y con este guionista eligió no hacer nada con él.

Hay algo sintomático en que el documental oficial de una de las reuniones más esperadas de los últimos años sea básicamente un vídeo de concierto largo con material de backstage. La industria sabe que los fans van a consumir cualquier cosa que lleve el nombre de la banda, y eso a veces hace que nadie se moleste en ir más allá. El resultado es una película que te gustará si ya eres fan y quieres revivir la gira. Si esperabas entender algo más sobre los Gallagher, sobre por qué se rompió la banda, sobre qué significa volver después de tanto tiempo y tanto daño, vas a salir con las manos vacías.

La gira sigue. Habrá más conciertos, más imágenes, más fans llorando en estadios. Lo que no está claro es si alguien con acceso real a Liam y Noel va a tener alguna vez el valor de hacer las preguntas que este documental decidió no hacer.

Fuente original: ‘Don’t Look Back In Anger’ saca a Oasis muy guapos, sin profundizar en su historial.

Conoce al autor del post

Publicidad

Los comentarios están cerrados.