El 11 de septiembre llega The Revolution Begins: The Flying Dutchman Masters, una caja de tres cedés que Ace Records publica para reunir los tres primeros álbumes de Gil Scott-Heron, los que grabó para el sello Flying Dutchman a principios de los setenta. Tres discos que, juntos, cuentan el origen de todo lo que vino después. No es un recopilatorio de grandes éxitos. Es el punto cero de uno de los artistas más importantes que ha dado la música negra norteamericana del siglo XX.
Los títulos son Small Talk at 125th and Lenox (1970), Pieces of a Man (1971) y Free Will (1972). Según el anuncio de Ace Records, la caja incluye extras, aunque los detalles concretos de esos materiales adicionales no están del todo claros todavía. Lo que sí está confirmado es la fecha y el sello. El resto habrá que verlo cuando llegue el producto físico.
Que esto salga ahora, en 2025, dice algo. No sobre Gil Scott-Heron, que no necesita que nadie lo reivindique. Dice algo sobre el mercado del vinilo y el cedé, sobre quién compra música física todavía, y sobre cómo un sello especializado como Ace sigue encontrando razones para apostar por el formato cuidado cuando la mayoría del sector lleva años convenciéndose de que eso ya no tiene sentido.
Flying Dutchman, el sello que le dejó hablar
Gil Scott-Heron tenía veinte años cuando grabó Small Talk at 125th and Lenox. Era 1970. Bob Thiele, el productor y fundador de Flying Dutchman, le dio espacio para hacer algo que en ese momento no encajaba en ninguna categoría limpia. El disco era spoken word con acompañamiento de percusión. No era jazz. No era soul. No era lo que las radios querían poner.
Lo que Scott-Heron hacía era hablar. Con ritmo, con rabia, con precisión quirúrgica. The Revolution Will Not Be Televised apareció en ese primer disco, en su versión original a capella con congas. La que la mayoría conoce, la de Pieces of a Man, es la regrabación con banda completa. Pero la semilla estaba ahí, en ese directo de 1970, antes de que nadie supiera qué hacer con él.
Pieces of a Man llegó un año después y fue otro salto. Aquí ya había piano, bajo, batería, flauta. La producción era de Thiele y el sonido era más denso, más musical en el sentido convencional, pero las letras seguían siendo territorio hostil para cualquiera que esperara entretenimiento sin fricción. Free Will, en 1972, cerró esa primera etapa con Flying Dutchman antes de que Scott-Heron se moviera a Arista y entrara en la década más conocida de su carrera.
Tres discos en tres años. Un artista que llegó completamente formado, con un punto de vista que no se parecía al de nadie.
Lo que estos discos le deben al hip-hop, y viceversa
Hay una conversación que se repite cada vez que alguien saca material de Gil Scott-Heron, y es la del padre fundador del rap. Él siempre rechazó esa etiqueta. No con desprecio, sino con precisión. Decía que lo suyo venía de Langston Hughes, de Amiri Baraka, de la tradición oral negra norteamericana. Que él no había inventado nada, que estaba recogiendo algo que ya existía.
Tenía razón. Y al mismo tiempo, escuchar The Revolution Will Not Be Televised hoy, en 2025, es escuchar algo que suena más contemporáneo que la mayoría de cosas que se publican cada semana. La cadencia, la ironía, la conciencia política sin consignas fáciles. Kendrick Lamar lo ha citado. Common lo ha citado. Jay-Z sampleó su trabajo. La deuda es enorme y está bien documentada.
Pero reducir estos tres discos a su influencia sobre el hip-hop es quedarse corto. Pieces of a Man, el tema que da nombre al segundo álbum, es una canción sobre un hombre que pierde el trabajo y se rompe por dentro. Es soul, es blues, es literatura. No hay sample que capture eso del todo.
Lo que Ace Records está haciendo al reunir estos tres discos con extras es recordar que hay una obra completa detrás de la leyenda. Y que esa obra merece escucharse en orden, desde el principio, no solo a través de lo que otros hicieron con ella después.
Spoken word, política y una voz que no pedía permiso
Con la información disponible por ahora, los extras de la caja no están detallados públicamente. Pueden ser tomas alternativas, grabaciones en directo adicionales, material inédito o simplemente versiones remasterizadas con notas de liner más extensas. Hasta que Ace publique más detalles o el producto llegue a las tiendas, no se puede saber con certeza qué hay dentro más allá de los tres álbumes principales.
Lo que sí se puede decir es que el sonido de estos discos aguanta. Small Talk at 125th and Lenox tiene una crudeza que ninguna producción moderna podría fabricar artificialmente. Las congas de Eddie Knowles, la voz de Scott-Heron hablando directamente a la cara del oyente, sin efectos, sin distancia. Es incómodo de una manera que resulta extrañamente refrescante cuando estás acostumbrado a escuchar música que ha sido pulida hasta el punto de no rozar nada.
Pieces of a Man es el disco más accesible de los tres para alguien que llega nuevo. Tiene melodías, tiene estructura de canción, tiene momentos que se quedan. Pero las letras no ceden ni un centímetro. Scott-Heron no escribía para consolar. Escribía para que el oyente no pudiera mirar hacia otro lado.
Septiembre como fecha y lo que queda por confirmar
El 11 de septiembre es la fecha. Ace Records tiene historial suficiente con este tipo de reediciones para que la calidad del producto físico no sea una preocupación mayor. Lo que queda por ver es si los extras justifican la compra para alguien que ya tiene estos discos en otras ediciones, y si Ace aprovecha el lanzamiento para hacer algo más, presentaciones, eventos, colaboraciones con archivos o fundaciones relacionadas con el legado de Scott-Heron.
Gil Scott-Heron murió en 2011. Dejó una discografía que va de estos tres discos de Flying Dutchman hasta I’m New Here (2010), el álbum que grabó con Richard Russell de XL Recordings y que fue, de alguna manera, otro comienzo. La caja que llega en septiembre cubre solo el principio de ese arco. Pero es el principio que lo explica todo.
La pregunta real no es si vale la pena comprarla. Es si quien la compre se toma el tiempo de escucharla en orden, sin saltar, sin poner el álbum de fondo. Porque estos discos no funcionan de fondo. Piden atención. Y eso, en 2025, es casi un acto político en sí mismo.
Fuente original: Se reúnen los tres primeros discos de Gil Scott-Heron.
