Godsmack pisó Madrid y lo que pasó esa noche merece algo más que un resumen de setlist. La banda de Sully Erna lleva más de veinticinco años funcionando en un circuito donde pocas bandas de su generación siguen de pie, y cuando aterrizan en España lo hacen con el peso de una carrera que no necesita presentación pero sí contexto. Thundermother abrió la noche, y eso tampoco es un detalle menor.
El concierto se celebró en Madrid con las dos bandas compartiendo cartel en un formato que cada vez cuesta más ver por aquí, rock duro con apertura que suma en vez de rellenar tiempo. Thundermother no estaba ahí para calentar butacas. Estaba ahí porque tiene algo que decir.
Dos generaciones del rock duro en el mismo escenario
Godsmack viene del ciclo post-grunge americano de los noventa, ese momento en que el rock de arena mutó y encontró un hueco entre el metal alternativo y el hard rock más directo. Bandas como ellos, junto a Disturbed o Staind, construyeron una audiencia que el algoritmo de Spotify nunca va a entender del todo porque se formó en la radio de rock, en los MTV Awards y en las giras de estadio de principios de los 2000.
Thundermother es otra historia. Suecas, formadas en 2009, con una propuesta que mira directamente a los setenta sin nostalgia impostada. AC/DC, Girlschool, el hard rock más físico y menos producido. Han pasado por varios cambios de formación y han llegado a este momento con una solidez que se nota en directo. Que estén en este cartel dice algo sobre cómo se está moviendo la escena del rock clásico en Europa ahora mismo, hay público para esto, y ese público está dispuesto a pagar por verlo.
Juntar estas dos bandas no es un capricho de promotora. Es una decisión que tiene lógica interna. El público de Godsmack lleva décadas yendo a conciertos. Sabe lo que quiere. Y Thundermother es exactamente el tipo de banda que ese público puede adoptar si las ve en el contexto adecuado.
Lo que el rock en directo todavía puede hacer que el streaming no puede
Hay una conversación que se repite cada año sobre si el rock tiene futuro, si las nuevas generaciones escuchan guitarras, si los festivales de metal siguen siendo rentables. Madrid esa noche respondió de una forma bastante más contundente que cualquier estudio de mercado.
El problema de esa conversación es que suele ignorar lo que pasa en las salas medianas y los recintos de aforo controlado. El rock masivo no mueve los números del pop urbano en streaming, eso es un hecho. Pero en directo, en un escenario físico con amplificadores reales y una banda que lleva décadas afinando su directo, el género sigue generando algo que no tiene equivalente digital.
Godsmack es una banda de directo. Siempre lo ha sido. Sully Erna construyó su reputación en parte sobre eso, sobre la capacidad de conectar con una sala sin trucos de producción que lo tapen todo. Y Thundermother funciona igual, con una energía de escenario que no depende de una pantalla LED detrás ni de un show de pirotecnia.
Que este tipo de conciertos sigan llenando recintos en España es una señal de algo. No de que el rock va a volver a dominar las listas, eso no va a pasar. Es una señal de que hay una comunidad que mantiene vivo un circuito propio, con sus propios medios, sus propios festivales y su propia economía. Y esa comunidad no necesita validación del algoritmo para seguir funcionando.
Thundermother primero, y eso importa
Abrir un concierto de Godsmack no es tarea fácil. El público llega con una expectativa muy concreta y no siempre está dispuesto a invertir energía en una banda que no conoce. Thundermother tiene la ventaja de que su música no pide demasiado tiempo de adaptación. Si sabes lo que es el rock de los setenta, entiendes lo que están haciendo en los primeros treinta segundos.
Con la información disponible por ahora sobre cómo fue exactamente su actuación esa noche, lo que se puede decir es que llevan una temporada en forma. Su directo ha madurado con los cambios de formación, no a pesar de ellos. Josephine Forsberg al frente es una presencia de escenario que no pasa desapercibida, y la sección rítmica empuja con una contundencia que encaja perfectamente con el tipo de sala donde tocaron.
La pregunta interesante no es solo cómo sonaron, sino qué pasa con su carrera en el mercado español a partir de aquí. Una actuación así, delante del público de Godsmack, puede abrir puertas. O puede quedarse en una noche bonita sin consecuencias. Depende de si hay seguimiento detrás, de si vuelven solas, de si algún festival español las mete en su cartel el año que viene.
Lo que viene después de una noche así
Godsmack sigue girando con un catálogo que da para construir setlists muy distintos según el estado de ánimo. La pregunta es si hay disco nuevo en el horizonte o si esta gira es una forma de mantener el motor caliente mientras se trabaja en material nuevo. No hay nada confirmado de momento en ese sentido, así que toca esperar a que la banda lo anuncie por sus canales oficiales.
Thundermother es la pieza más interesante de vigilar a corto plazo. Si este tipo de exposición en mercados como España se traduce en más fechas propias, estaremos viendo a una banda que ha sabido usar bien su posición de apertura. Si no, habrá sido una noche estupenda que no deja rastro en su agenda.
Madrid tuvo su noche de rock. Ahora toca ver si alguien toma nota.
Fuente original: Crónica y fotos de GODSMACK + THUNDERMOTHER en Madrid.
