El 15 de agosto, en el festival Glas-Goes Pop de Glasgow, tres músicos que formaron parte de Felt subieron a un escenario por primera vez en casi cuatro décadas. Gary Ainge, el batería que estuvo en los diez discos de la banda entre 1981 y 1989, Marco Thomas y Philip King se presentaron bajo el nombre Feel, con una ele, no dos. Versiones instrumentales de las canciones de uno de los grupos de culto más irrepetibles que dejaron los ochenta. Sin Lawrence. Y con Stuart Murdoch de Belle & Sebastian en el escenario, cosa que nadie había anunciado.
Eso último no es un detalle menor. Murdoch lleva años hablando públicamente de lo que Felt significó para él durante su adolescencia, hasta el punto de que en una entrevista reciente en The Quietus reconoció que entre 1991 y 1993 su obsesión por la banda llegó a preocuparle seriamente en términos de salud mental. Para él, cantar canciones de Felt en Glasgow no es una actuación especial. Es otra cosa.
Lo que opinará Lawrence de todo esto es, por ahora, un misterio. Y ahí está el nudo de la historia.
Lawrence cumplió su plan y luego dijo que prefería mendigar
Felt fue un proyecto con reglas propias desde el principio. Lawrence se marcó un objetivo tan extraño como preciso, diez discos en diez años, luego disolver la banda. Y lo cumplió. Último concierto en Birmingham, diciembre de 1989. Punto final. Después vinieron Go-Kart Mozart y Mozart Estate, proyectos que ha mantenido vivos con una dedicación que roza lo monástico y, según se ha documentado en una biografía reciente, a veces cerca de la indigencia.
En 2021, Lawrence le dijo a The Guardian que prefería mendigar antes que tocar en cualquiera de sus bandas antiguas. No es una frase hecha. Es una posición. Y eso hace que lo que ocurrió el 15 de agosto en Glasgow sea, dependiendo de cómo se mire, un homenaje legítimo o una reunión que existe precisamente porque el hombre que diseñó esa música decidió no estar.
Philip King, el bajista, ha contado en una entrevista a un blog francés que hace tiempo que no tienen noticias de Lawrence. También que la idea de reunir a Felt no le desagradaba hace diez años cuando se la plantearon. Eso es lo que hay. Una posición de hace una década, una frase durísima de hace cuatro años, y un silencio actual.
Lo que significa que Stuart Murdoch cantara canciones de Felt
Que Feel anunciaran el show en Instagram especificando que serían versiones instrumentales tiene todo el sentido. Sin Lawrence, sin su voz característica, sin alguien que pueda reclamar esa parte del legado, lo más honesto era no intentar sustituirlo. Tocar la música, dejar el espacio vacío donde estaba la voz.
Y entonces apareció Murdoch. Y Rhadika, haciendo de Liz Fraser, que es una decisión que merece un momento de pausa. Liz Fraser cantó en algunos de los discos más importantes de Felt, y que alguien se suba a un escenario a interpretar ese papel dice mucho de la ambición del proyecto, para bien o para mal.
Pero Murdoch es el elemento que convierte esto en algo más que una reunión de músicos con nostalgia. Él no formó parte de Felt. Es un fan. Un fan que llegó a ser uno de los compositores más importantes del pop independiente británico de los noventa en adelante, y que ha construido parte de su identidad artística pública sobre la influencia de Lawrence. Que suba a ese escenario no es un cameo. Es un círculo que se cierra de una manera que probablemente él lleva años imaginando.
El sonido de Felt y por qué es tan difícil de reproducir
Felt no eran una banda fácil de clasificar y eso es parte de lo que los ha mantenido vivos en el imaginario de quien los descubrió. Empezaron con un post-punk oscuro y austero, con guitarras que debían más a Television que a cualquier cosa que sonara en la radio británica de la época, y fueron derivando hacia algo más melódico, más cercano al jangle pop, sin perder nunca esa frialdad calculada que Lawrence imprimía en todo lo que tocaba.
La decisión de hacer versiones instrumentales es, en ese contexto, más inteligente de lo que parece. Las guitarras de Felt aguantan solas. La arquitectura de esas canciones no depende de la voz para sostenerse. Con la información disponible sobre cómo sonó el concierto, lo que se puede decir es que la apuesta era arriesgada y que la presencia de Murdoch, alguien que conoce ese material mejor que casi nadie fuera de la banda, probablemente ayudó a que la noche tuviera peso real en vez de quedarse en ejercicio de nostalgia.
La pregunta interesante no es solo cómo sonó, sino qué lugar ocupa esto en la historia de una banda cuyo autor principal ha dicho explícitamente que no quiere saber nada de ella.
Si Lawrence no dice nada, Feel seguirá existiendo sin él
Lo que hay que vigilar ahora es si Feel se queda en un concierto puntual dentro de un festival de Glasgow o si esto tiene continuidad. Philip King ha hablado, hay entrevistas, hay presencia en redes. Eso no es el comportamiento de alguien que ha hecho algo una sola vez por diversión.
Lawrence, mientras tanto, sigue en su mundo. Mozart Estate sigue siendo su proyecto. Su posición sobre las bandas antiguas es pública y no ha cambiado, al menos no en ninguna declaración reciente. Pero el silencio también es una posición, y mientras él no diga nada, Feel puede seguir existiendo en ese espacio ambiguo entre el homenaje y la apropiación.
Para Stuart Murdoch, la noche del 15 de agosto en Glasgow ya ocurrió. Cantó canciones de Felt. Eso no se lo quita nadie. Lo que Lawrence piense de eso, si es que piensa algo, quizás no lleguemos a saberlo nunca. Y esa incertidumbre, viniendo de un hombre que diseñó su carrera entera con reglas propias y las cumplió todas, es exactamente el tipo de final abierto que encaja con todo lo que Felt fue.
Fuente original: El concierto de Felt como Feel sin Lawrence, pero con Stuart Murdoch.
