Midland acaba de publicar «Stages», su quinto álbum de estudio, y Javier Márquez Sánchez le dedica espacio en su sección «Cowboy de Ciudad» dentro de Efe Eme. El disco incluye una colaboración con Clint Black, referencia mayor del country clásico de los noventa. Eso solo ya dice algo sobre dónde quiere estar Midland, y sobre qué tipo de conversación musical está intentando tener.
No es un movimiento accidental. Traer a Clint Black a un disco en 2024 no es nostalgia decorativa. Es una declaración de intenciones sobre el linaje al que esta banda quiere pertenecer, y sobre el country que les importa frente al que domina las listas de Nashville ahora mismo.
Con cinco álbumes encima, Midland lleva un buen trecho de carrera sosteniendo una postura que en el mercado actual resulta casi anacrónica, y lo dicen como un cumplido.
Cinco discos construyendo el mismo argumento
Midland apareció en escena con un sonido que parecía sacado de otra época, y eso generó reacciones encontradas desde el principio. Para unos era un ejercicio de autenticidad necesaria en un género que había perdido el norte. Para otros, una pose retro calculada al milímetro. Lo que no se puede negar es que el trío formado por Mark Wystrach, Jess Carson y Cameron Duddy ha mantenido esa postura disco tras disco, sin virar hacia el pop country cuando hubiera sido lo más rentable.
Su debut, «On the Rocks» (2017), llegó con «Drinkin’ Problem» como carta de presentación, una canción que sonaba a Merle Haggard filtrado por alguien que había crecido escuchando a los Eagles. Funcionó. Ganaron el Grammy a Mejor Canción Country en 2018. Y desde entonces han seguido construyendo sobre la misma base, sin grandes experimentos de sonido, sin colaboraciones con productores de pop para ampliar el radio de alcance.
«Stages» llega como quinto álbum y, según lo que apunta la reseña de Márquez Sánchez, mantiene ese hilo. El honky tonk, la carretera, la memoria. Los tres ejes que han definido su catálogo desde el principio.
Lo que dice Clint Black sobre el country que Midland defiende
La presencia de Clint Black en el disco no es un cameo de marketing. Black es uno de los nombres que definen el country de finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando el género vivía uno de sus momentos de mayor coherencia interna antes de que el pop empezara a comerse los márgenes del sonido. Canciones como «Killin’ Time» o «A Better Man» son referencia directa de lo que Midland intenta hacer, esa mezcla de honky tonk, steel guitar y letras que hablan de vida real sin artificios.
Que Black acepte colaborar también dice algo. No es un artista que aparezca en cualquier sitio. Si está en «Stages» es porque hay algo en el trabajo de Midland que le resulta legítimo, no una imitación barata de lo que él mismo hizo décadas antes.
El country mainstream de hoy, el que suena en las emisoras grandes y acumula streams, va en otra dirección completamente. Hay guitarras eléctricas distorsionadas, referencias a camionetas y whisky que suenan más a fórmula que a experiencia, y una producción que podría intercambiarse con la de cualquier disco de pop rock sin que nadie notara gran diferencia. Midland no va por ahí. Y «Stages» parece confirmar que tampoco tienen intención de hacerlo.
Steel guitar, voces en capas y la apuesta por el sonido analógico
Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que Midland ha construido su identidad sonora sobre instrumentación que el Nashville actual trata como antigüedad de museo. La steel guitar, el fiddle, las armonías vocales a tres, la producción que prioriza el espacio y la respiración de los instrumentos sobre la saturación digital. En sus álbumes anteriores eso se traducía en canciones que sonaban bien a las tres de la tarde y también a las tres de la madrugada, que es una habilidad que no todo el mundo tiene.
Si «Stages» sigue ese camino, y todo apunta a que sí, el disco va a funcionar exactamente igual para quien ya conoce a la banda y para quien llega nuevo. No porque sea música fácil, sino porque es música honesta en su planteamiento. Saben lo que quieren sonar y lo ejecutan sin disculparse.
La colaboración con Black, además, abre la posibilidad de que haya momentos en el disco donde el registro vocal se expanda. Black tiene una voz que lleva décadas siendo una de las más reconocibles del género. Cómo encaja eso con las tres voces de Midland es una de las preguntas que solo responde escuchar el disco completo.
Lo que queda por ver de este álbum en el mundo real
La reseña de Márquez Sánchez en Efe Eme es una señal de que «Stages» está llegando a oídos que saben escucharlo. Eso importa. El country de raíces tiene una comunidad de oyentes en España más sólida de lo que los datos de streaming suelen reflejar, y una recomendación en un medio especializado puede hacer más por un disco como este que cualquier campaña de playlist.
Lo que hay que vigilar ahora es si Midland acompaña el álbum con fechas de gira, y si alguna de esas fechas cruza el Atlántico. En directo es donde este tipo de música termina de justificarse o de derrumbarse. Una banda que construye su propuesta sobre instrumentación real y armonías vocales no tiene red en el escenario. O funciona o no funciona, sin producción que lo tape.
La pregunta que deja «Stages» abierta no es si Midland sabe hacer country de verdad. Eso ya está demostrado. La pregunta es si el mercado tiene todavía espacio para escucharlo sin necesitar que alguien lo envuelva en algo más contemporáneo para que entre. Por ahora, la banda apuesta a que sí. Y Clint Black, al parecer, también.
Fuente original: Midland: honky tonk, carretera y memoria.
