Brian May está en España. No de gira, no presentando disco, no en ningún festival. Está «no lejos de Valencia», según él mismo ha contado en Instagram, esperando que las nubes se aparten para ver el eclipse solar total de esta tarde. Y mientras espera, lleva días compartiendo consejos prácticos para observarlo sin quedarse ciego en el intento.

Eso ya dice bastante de quién es este hombre a estas alturas de su vida.

May tiene 77 años, un doctorado en astrofísica que defendió en 2007 —décadas después de haberlo dejado aparcado por culpa de una banda llamada Queen—, y una cuenta de Instagram que usa con una energía que avergüenza a gente con la mitad de su edad. Esta semana el tema no es música. Es el Sol.

El guitarrista que también es doctor en astrofísica, y no es una anécdota

Hay que recordar esto porque se tiende a tratarlo como curiosidad de trivia: Brian May empezó su tesis doctoral en los años setenta, en el Imperial College de Londres, sobre el movimiento del polvo interplanetario y la velocidad de la luz zodiacal. La dejó cuando Queen despegó de verdad. Y la retomó treinta años después, cuando ya nadie le habría pedido cuentas por no hacerlo.

La terminó. La defendió. Le dieron el título.

Eso no es una anécdota de personaje famoso con aficiones raras. Es una declaración sobre cómo funciona su cabeza. May siempre ha sido alguien que opera en dos registros a la vez, el de la emoción pura de la música en directo y el de la curiosidad científica que necesita entender cómo funciona lo que ve. Que ahora esté en España con un cartón agujereado para proyectar la imagen del Sol sobre un plato blanco tiene toda la lógica del mundo si conoces mínimamente su trayectoria.

No es un capricho excéntrico de rockstar. Es alguien que lleva décadas mirando el cielo con rigor.

Lo que May está haciendo en Instagram y por qué merece más atención de la que recibe

Sus recomendaciones para ver el eclipse son concretas y útiles. Nada de mirar directamente al Sol. Nada de telescopios ni prismáticos apuntando hacia él sin los filtros adecuados, que es el error que comete más gente de la que se piensa. Y como alternativa accesible para cualquiera, la técnica del agujero estenopeico, un pequeño agujero en un cartón que proyecta la imagen del Sol sobre una superficie blanca.

Ha mostrado cómo hacerlo. Con sus manos. En vídeo.

Eso es divulgación científica real, sin patrocinadores, sin marca detrás, sin ningún tipo de obligación de hacerlo. Solo alguien que sabe cosas y decide compartirlas porque le parece importante que la gente no se lastime los ojos. En un ecosistema de redes donde el contenido de ciencia suele estar envuelto en infografías de diseño o en formatos de podcast con música de fondo, ver a un guitarrista de rock explicar física óptica con un cartón tiene algo que funciona de una manera diferente.

Llega. Y llega precisamente porque no está producido.

Una guitarra construida a mano y un telescopio en el jardín, la misma lógica

Si algo define el trabajo musical de Brian May es la construcción desde cero. La Red Special, su guitarra, la hizo él mismo con su padre cuando tenía dieciséis años, con madera de chimenea victoriana, botones de nácar de punto y una pastilla de tremolo diseñada por ellos. Lleva tocando esa guitarra desde entonces. No la cambió cuando podría haber comprado cualquier cosa. No la cambió cuando era el guitarrista de una de las bandas más grandes del mundo.

Hay una coherencia ahí que conecta directamente con el tipo que ahora hace agujeros en cartones para ver un eclipse.

Con la información disponible por ahora, no se sabe si este viaje a España tiene alguna dimensión musical, si hay algún proyecto en marcha, si va a aparecer en algún escenario. Puede que no. Puede que sea simplemente lo que parece, alguien que quería ver el eclipse desde una buena ubicación y tomó un avión. Y eso, en sí mismo, ya es interesante como imagen de lo que puede ser un músico cuando la música no lo define todo.

Las nubes, la espera y lo que queda después del eclipse

May ha reconocido que teme que las nubes arruinen el espectáculo. Es un miedo legítimo. Los eclipses totales tienen esa crueldad, años de anticipación, viajes organizados, y luego un frente nuboso que llega sin avisar y tapa todo. Los astrónomos aficionados lo conocen bien.

Lo que pase esta tarde en Valencia, o cerca de Valencia, no va a cambiar nada en términos musicales. Pero sí dice algo sobre el tipo de figura pública que es May a estas alturas. No está vendiendo nada. No está manteniendo relevancia con un featuring estratégico ni con una declaración polémica calculada para que se hable de él. Está en España con un cartón, esperando que el Sol salga entre las nubes.

Lo que hay que vigilar ahora es si comparte el resultado, si las nubes le dejaron ver la totalidad o si se quedó con la frustración del que viaja lejos para nada. Eso también lo contará en Instagram, con la misma energía con la que ha contado todo lo demás esta semana. Y probablemente valdrá la pena leerlo.

Fuente original: Brian May, en España para ver el eclipse total y dando consejos para disfrutarlo.

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