Sonorama Ribera arranca el 5 de agosto su 29ª edición en Aranda de Duero y el cartel supera los 100 artistas confirmados. Con esa cantidad de nombres encima de la mesa, lo normal es que la mirada vaya directa a los cabezas de cartel y que el resto quede enterrado bajo el peso del marketing. Mala idea. Algunos de los momentos más interesantes de este festival van a ocurrir en los escenarios donde no apunta el foco principal.
Esto no es una queja contra los grandes nombres. Es una llamada de atención sobre cinco artistas que merecen tu tiempo en Aranda, y que probablemente no están en el primer plano de tu agenda todavía.
Cuando el flamenco deja de pedir permiso para mezclarse
Ángeles Toledano tiene 20 años y ya recorrió Europa como parte de la compañía del guitarrista Paco Peña antes de publicar su primer disco. Eso no es un dato menor. Eso es formación real, de las que ya no abundan. Su debut, Sangre Sucia, llegó en 2024 y dejó claro que no iba a quedarse dentro de los límites del flamenco más convencional. La electrónica entra en su música sin pedir disculpas, y las colaboraciones con Jorge Drexler y La Plazuela confirman que no es un experimento puntual.
El flamenco lleva décadas negociando con otros géneros, con resultados que van de lo brillante a lo bochornoso. Toledano parece saber exactamente dónde está la línea. Eso, a su edad, es raro.
En el mismo territorio de fusiones interesantes aparece pablopablo, hijo de Jorge Drexler, que ha construido su carrera sin apoyarse en el apellido. Sus referencias más citadas son Bon Iver y James Blake, lo que ya dice bastante sobre el tipo de música que hace, capas, texturas, canciones que necesitan espacio para respirar. Pero Spanish Leather también demuestra que sabe escribir pop directo cuando quiere. En directo, según quienes le han visto, canciones como Vida Nueva o Otra Vida ganan enteros. Eso siempre es buena señal.
Lo que pasa cuando un artista no se queda quieto en ningún sitio
Carlangas dejó Novedades Carminha en su momento de mayor visibilidad. Eso es una decisión que se puede leer de muchas formas, pero el resultado habla por sí solo. Desde entonces ha publicado proyectos que apuntan en direcciones distintas sin que ninguno suene a relleno. Su primer trabajo en solitario, Carlangas, apostaba por la electrónica. Bailódromo, Vol. 1 fue directamente a la pista de baile con estética disco vintage. Universo Paralelo recupera el garage. Tres discos, tres registros, ningún disco de seguridad.
En un momento en que muchos artistas encuentran un sonido que funciona y lo repiten hasta el agotamiento, Carlangas hace lo contrario. Eso tiene un precio en términos de coherencia de marca, pero tiene una recompensa enorme en términos de interés real. En festival, ese tipo de energía se nota.
Repion, las hermanas Iñesta, llevan ya cuatro discos publicados y siguen siendo presentadas como un dúo emergente de rock nacional. Algo falla en esa ecuación. Cuatro discos no es emergencia, es trayectoria. Su rock con nostalgia noventera, con canciones como El sueño dura una semana o Cerra los ojos, tiene suficiente identidad propia como para no necesitar el apellido de
