El 30 de octubre llega Brass Tacks (A Horn Rock Experience 1968-1975), una caja de tres CDs editada por Cherry Red que documenta uno de los cruces más interesantes y menos celebrados de la historia del rock. El período es preciso, el argumento es sólido, y el título ya dice lo que va a pasar adentro. No hay misterio ni marketing envuelto en papel de regalo. Hay un compilado que quiere contar una historia específica, la de cómo los instrumentos de viento dejaron de ser cosa del jazz y se metieron de lleno en el rock.
Que Cherry Red se haya encargado de esto no sorprende. El sello británico lleva años siendo uno de los archivistas más serios del rock de los sesenta y setenta, con reediciones y antologías que van más allá del catálogo obvio. Cuando sacan algo así, merece al menos una mirada.
El momento exacto en que la trompeta dejó de ser rara en una banda de rock
A finales de los sesenta, el rock estaba en plena expansión. No solo de público, sino de lenguaje. Había guitarras distorsionadas, psicodelia, folk eléctrico, blues amplificado, y una generación de músicos que no veía ninguna razón para quedarse dentro de los límites del formato. Fue en ese contexto donde los vientos empezaron a aparecer, primero como adorno y después como parte estructural del sonido.
El período que cubre Brass Tacks, de 1968 a 1975, es exactamente la ventana en que eso ocurrió. No antes, porque el rock todavía estaba encontrando su forma. No después, porque para mediados de los setenta el disco y el punk ya estaban empujando hacia otro lado. Esos siete años son el momento en que la trompeta, el trombón y el saxofón tuvieron algo real que decir dentro del rock, y no como invitados de una noche.
Bandas como Chicago, Blood, Sweat & Tears o Tower of Power son los nombres que todo el mundo menciona cuando se habla de esto. Pero una antología de tres discos tiene espacio para ir mucho más allá de los nombres grandes. Ahí es donde este tipo de compilados gana sentido, en los nombres que no aparecen en las listas de clásicos pero que estaban haciendo algo igual de interesante en circuitos más pequeños.
Lo que dice esta caja sobre cómo se recupera la historia musical que nadie catalogó bien
El horn rock es uno de esos géneros que la historiografía del rock trató siempre como subgénero de algo más importante. Si venía del jazz, era jazz-rock. Si tenía funk, era soul o R&B. Si era demasiado blanco para el soul y demasiado ruidoso para el jazz, quedaba en tierra de nadie. El resultado es que mucho de ese material de finales de los sesenta y principios de los setenta no tiene el reconocimiento que merece, y gran parte de él es difícil de encontrar en formato físico sin pagar precios de coleccionista.
Eso es lo que hacen bien los sellos especializados en reediciones cuando funcionan. No solo recuperan música, sino que le dan un marco. Un compilado temático con buenas notas de libreto puede cambiar cómo escuchas algo que ya conocías, o presentarte algo que nunca hubieras encontrado solo navegando algoritmos. Spotify no te va a recomendar una cara B de 1971 de una banda de Memphis que grabó dos singles y desapareció. Un compilado de Cherry Red sí puede.
En ese sentido, Brass Tacks tiene una función que va más allá del nostálgico que quiere tener todo en físico. Es un documento. Una forma de decir que esto existió, que tuvo coherencia interna como movimiento, y que merece ser escuchado con atención y no solo como curiosidad de época.
Tres discos para entender qué hace una sección de vientos dentro de una canción de rock
La pregunta musical interesante aquí no es si los vientos «funcionan» en el rock. Ya está demostrado que sí. La pregunta es cómo funcionan, y por qué en ese período concreto funcionaron de una manera que luego no se repitió de la misma forma.
Cuando una sección de vientos entra en una canción de rock, cambia la dinámica de una manera que ningún sintetizador ha conseguido replicar del todo. No es solo el timbre, es el ataque, la forma en que una trompeta puede cortar una mezcla sin necesidad de volumen extra, o cómo un trombón puede añadir peso a un riff sin enterrar la guitarra. Los arreglos de viento en el mejor horn rock de esta época no son decorativos. Son estructurales. Están escritos como parte de la canción, no pegados encima.
Con la información disponible por ahora, no se puede saber exactamente qué artistas incluye la selección completa de Brass Tacks más allá de lo que Cherry Red haya confirmado. Lo que sí se puede decir es que tres CDs dan para explorar con profundidad, y que si la curaduría está bien hecha, la antología debería mostrar esa evolución desde los primeros experimentos de 1968, todavía con un pie en el soul y el jazz, hasta el sonido más consolidado y a veces más comercial de 1974 y 1975.
Si esta selección hace bien su trabajo, debería haber canciones donde los vientos sean el gancho principal, otras donde sean el contrapunto de la guitarra, y algunas donde simplemente estén ahí para añadir cuerpo. Esa variedad es lo que hace que el horn rock de ese período sea más interesante de lo que parece en un resumen de dos líneas.
Lo que queda por saber antes del 30 de octubre
La fecha está fijada. Tres CDs, Cherry Red, finales de octubre. Lo que todavía no está del todo claro es el tracklist completo y quién ha escrito el libreto, que en este tipo de antologías puede marcar la diferencia entre un compilado útil y uno que solo acumula canciones sin hilo conductor.
Para quien lleva tiempo buscando una entrada ordenada al horn rock de los setenta, esto puede ser exactamente lo que necesitaba. Para quien ya conoce el territorio, la prueba real será cuántos nombres nuevos aparecen en la selección, cuántas caras B o grabaciones menos conocidas justifican el gasto frente a tener ya los discos de Chicago o Blood, Sweat & Tears en casa.
Hay algo que vale la pena vigilar más allá del contenido musical. Si Brass Tacks funciona bien en ventas, dice algo sobre el estado del mercado del formato físico para este tipo de material de archivo. No es un dato menor. Cada vez que un compilado de estas características encuentra su público, abre la puerta a que se sigan haciendo más. Y hay mucha música de ese período que todavía está esperando que alguien le dedique tres CDs y un buen libreto.
Fuente original: Una antología traza la historia de la llegada de los instrumentos de viento al rock entre 1968 y 1975.
