El 25 de septiembre llega a las tiendas la reedición de Cosa nuestra, el álbum que Willie Colón grabó en 1969 con Héctor Lavoe como cantante solista. La edición la publica Craft Latino en vinilo y CD. No es una noticia menor. Es uno de los discos que definió lo que la salsa podía hacer cuando todavía nadie sabía bien cómo llamarla.

El álbum original salió bajo la supervisión de Johnny Pacheco, cofundador de Fania Records, y del productor Jerry Masucci. Eso ya dice bastante sobre el peso específico de este registro. No era un disco de encargo. Era Fania funcionando a pleno rendimiento, con una banda que sabía exactamente lo que estaba construyendo.

Que en 2024 alguien apueste por reeditarlo en formato físico, en vinilo y CD, merece más atención de la que suele recibir este tipo de anuncios.

1969 en el Bronx, cuando Willie Colón tenía veinte años y ya mandaba

Willie Colón tenía diecisiete años cuando grabó su primer disco para Fania. Para cuando llegó Cosa nuestra, en 1969, ya era uno de los nombres que la comunidad latina en Nueva York seguía de cerca. Su sonido era distinto, más áspero, con más calle que los conjuntos que miraban hacia Cuba con nostalgia. Colón no miraba hacia atrás. Miraba al Bronx.

Héctor Lavoe llevaba trabajando con él desde mediados de los sesenta. Su voz era algo que costaba ignorar, una mezcla de dulzura y quiebre que no sonaba a ningún otro cantante de la época. Cosa nuestra fue el disco donde esa combinación, Colón en la dirección musical y el trombón, Lavoe en el micrófono, se asentó como algo serio.

Fania Records, el sello que Pacheco y Masucci habían fundado en 1964 con poco dinero y mucha visión, estaba en ese momento construyendo el catálogo que definiría la salsa neoyorquina durante la siguiente década. Cosa nuestra forma parte de ese núcleo duro. No es un disco periférico del catálogo. Es uno de los que sostienen todo lo demás.

Lo que dice una reedición en vinilo sobre cómo sobrevive la música que importa

El formato físico lleva años en una situación curiosa. Se le dio por muerto, luego resucitó el vinilo con fuerza suficiente para que las grandes superficies volvieran a tener sección de discos, y ahora convive con el streaming en una especie de equilibrio extraño donde nadie sabe muy bien quién compra qué ni por qué.

Lo que sí se puede decir es que cuando un sello como Craft Latino decide reeditar un álbum de 1969 en vinilo y CD, no lo hace porque le sobre el dinero. Lo hace porque hay un público que quiere tener ese disco en casa, en un objeto que se puede tocar, con una portada que se puede ver de verdad y no en una pantalla de cinco pulgadas.

Eso dice algo sobre Cosa nuestra específicamente. No todos los discos de 1969 reciben este tratamiento. La mayoría se queda en el olvido digital, disponible en Spotify si tienes suerte, sin contexto, sin liner notes, sin nada que explique qué estaba pasando cuando se grabó. Este no. Este vuelve con edición física porque todavía hay gente dispuesta a pagarlo.

También dice algo sobre la salsa como género. Hay una generación, y no solo la que vivió esos años, que sigue buscando este sonido en su forma más honesta. No la versión suavizada para el mercado pop latino de los noventa. La versión con trombones que cortan, con ritmos que no piden permiso, con letras que hablaban de la vida en los barrios latinos de Nueva York sin romantizarla demasiado.

Trombones, clave y una voz que no necesitaba artificios

Con la información disponible por ahora sobre esta reedición, no se puede entrar en detalles técnicos sobre remasterización o materiales adicionales incluidos. Lo que sí se puede decir es lo que ya estaba en el disco original.

El sonido de Cosa nuestra descansa sobre la sección de trombones que Colón usaba como columna vertebral de sus arreglos. Donde otros conjuntos de la época ponían trompetas brillantes y arreglos más limpios, Colón apostaba por un sonido más oscuro, más denso. Eso no era un accidente. Era una decisión estética que venía de escuchar jazz, de escuchar lo que pasaba en las calles del Bronx, de no querer sonar a lo que ya sonaba todo el mundo.

Encima de eso, Lavoe. Su forma de frasear no seguía las reglas habituales del son cubano que era la base de todo. Se tomaba libertades, alargaba sílabas donde no tocaba, entraba tarde o temprano según le pedía el cuerpo, y el resultado era una tensión rítmica que hacía que la música respirara de otra manera. No era descuido. Era control disfrazado de espontaneidad.

La pregunta interesante no es solo cómo suena este disco en 2024, sino qué escucha alguien que lo descubre ahora por primera vez. Porque hay algo en esa combinación de Colón y Lavoe que no ha envejecido de la forma en que envejecen otros discos de la misma época. No suena a museo. Suena a algo que todavía tiene pulso.

Lo que queda por saber antes del 25 de septiembre

Craft Latino no ha detallado, al menos en lo publicado hasta ahora, si esta reedición incluye material adicional, notas al álbum, fotos inéditas o algún tipo de trabajo de remasterización específico. Eso importa. No es lo mismo una reedición que cuida el contexto y explica de dónde viene el disco que una simple reimpresión con nueva carátula.

Tampoco está claro si habrá algún tipo de evento o actividad alrededor del lanzamiento. La comunidad que sigue la salsa clásica en Europa y América Latina es pequeña pero activa, y este tipo de reediciones suele generar movimiento en tiendas especializadas, en coleccionistas, en programas de radio que todavía programan este repertorio.

Lo que sí está sobre la mesa es que el 25 de septiembre alguien va a poder comprar Cosa nuestra en vinilo por primera vez en mucho tiempo. Y eso, para quien lleva años buscándolo de segunda mano a precios que no siempre tienen justificación, no es un detalle pequeño. Es exactamente el tipo de decisión que debería tomar la industria más a menudo con el catálogo que merece sobrevivir.

Fuente original: Se reedita en vinilo y cedé Cosa nuestra, de Willie Colón y Héctor Lavoe.

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