La banda barcelonesa Medalla publicó hace unos días un carrete de Instagram que arrancaba con tres palabras sin margen para la interpretación: «Nos han robado». El grupo había descubierto, gracias a un seguidor que los alertó, que 14 canciones de su discografía aparecen en uno de los conjuntos de datos utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial generativa. Lo verificaron ellos mismos a través de AI Watchdog, la herramienta impulsada por The Atlantic que permite rastrear qué obras han acabado dentro de esos datasets. El resultado fue lo que ya sospechaban, pero verlo confirmado tiene un peso distinto.

«14 canciones de Medalla han sido utilizadas para entrenar modelos de inteligencia artificial generativa sin nuestro consentimiento. Repito: sin nuestro consentimiento.» Así lo escriben ellos, con esa repetición que no es énfasis retórico sino rabia contenida. Y tienen razón en estar cabreados.

Una escena indie española que aparece en los datos de entrenamiento de la IA

Medalla no es un caso aislado dentro de este caso aislado. En los comentarios de su propia publicación, la banda señaló que también encontró canciones de grupos de su entorno, mencionando a Camellos, Biznaga, Cala Vento, Carolina Durante, Angelus Apatrida y La Trinidad. No es un nombre suelto. Es una lista que cualquiera que siga la escena indie y rock española reconoce de inmediato.

Esto ocurre además pocos días después de que SZA denunciara que 238 de sus canciones habían sido utilizadas con el mismo fin, señalando específicamente el expolio sistemático a la música negra. La escala es diferente, los nombres son diferentes, pero el mecanismo es el mismo. Da igual si eres una artista con millones de oyentes mensuales o una banda barcelonesa autogestionada que distribuye desde su propio sello. El dataset no discrimina por tamaño.

Medalla lleva años operando desde una posición de independencia total. Producción propia, distribución propia, gestión propia. Ese modelo de trabajo, que en teoría debería darles más control sobre su música, no los ha protegido de esto. Y ellos mismos lo formulan con una pregunta que cuesta rebatir: si le ha pasado a un grupo «100% independiente, autogestionado», ¿a quién no le puede pasar?

Lo que revela esto sobre cómo se construye la IA con música ajena

El problema de fondo no es técnico. Es que alguien tomó una decisión, o una serie de decisiones encadenadas, que llevaron a incluir grabaciones de artistas sin pedirles permiso, sin pagarles, sin ni siquiera avisarles. Y eso tiene un nombre que la industria tecnológica prefiere evitar.

Medalla lo llama «frustrante y distópico», y no están siendo hiperbólicos. La situación es distópica en el sentido más literal: un sector que lleva décadas exigiendo a los músicos que se adapten, que sean flexibles, que acepten que el streaming paga menos que los discos físicos, que el directo es ahora la fuente principal de ingresos, resulta que además estaba usando su trabajo sin compensación para construir herramientas que en algún momento competirán con ellos. El círculo se cierra de una manera bastante siniestra.

La precariedad del músico independiente en España no es nueva. Lo que sí es nuevo es que ahora esa precariedad tiene un vector adicional, y viene de fuera del sector musical tradicional. No es la discográfica que se queda con los derechos, no es la plataforma que paga fracción de céntimo por reproducción. Es una empresa tecnológica que ni siquiera está en la misma conversación.

Catorce canciones y lo que dicen sobre el valor de la música independiente

Hay algo específicamente doloroso en que sean 14 canciones de Medalla las que aparezcan en esos datos. No porque el número sea grande, sino porque cada una de esas canciones tiene detrás un proceso de composición, grabación y producción que este grupo ha gestionado sin red. Sin el respaldo de un sello grande, sin presupuesto de marketing, sin el colchón que tienen otros.

Con la información disponible por ahora, no se puede saber exactamente cómo llegaron esas grabaciones al dataset ni qué modelo concreto las utilizó. Lo que sí se puede decir es que AI Watchdog las encontró, que Medalla las reconoció como suyas, y que nadie les pidió permiso. Eso es lo que está confirmado. El resto, el cómo y el por qué y el quién tomó esa decisión, es lo que queda sin respuesta.

La banda también hace algo que va más allá de la denuncia: propone alternativas concretas. Animan a no usar IA para proyectos artísticos, a comprar música en Bandcamp o en formato físico, a ir a conciertos, a suscribirse a newsletters como canal de comunicación directa frente a unas redes que consideran cada vez más inestables. No es un manifiesto vago. Es una lista de acciones que cualquiera puede hacer esta semana.

Lo que queda pendiente y lo que el resto de la escena debería hacer ahora

La herramienta AI Watchdog está disponible para cualquiera. Eso significa que cualquier músico, cualquier banda, cualquier compositor puede entrar ahora mismo y comprobar si su trabajo aparece en alguno de esos conjuntos de datos. Medalla lo hizo porque un seguidor los alertó. Cuántos más no lo han hecho todavía porque nadie les avisó.

La pregunta que deja esta denuncia no es solo legal, aunque la dimensión legal importa y mucho. Es una pregunta sobre qué tipo de ecosistema musical queremos que exista dentro de diez años. Si el trabajo de bandas como Medalla, Camellos, Cala Vento o Carolina Durante se usa para entrenar sistemas que luego generan música sin necesitar a nadie, y nadie pone freno a eso, el resultado no es difícil de imaginar. Y no es un resultado en el que los músicos independientes salgan bien parados.

Fuente original: Medalla denuncia el uso de 14 canciones para entrenar una IA.

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