Nothing But Thieves acaban de soltar «Stray Dogs», el single que da nombre a su quinto álbum de estudio, previsto para el 25 de septiembre. No es un adelanto cualquiera. Es la canción que titula el disco, lo cual ya dice algo sobre el peso que la banda le da dentro del conjunto. Y según lo que apunta la información disponible, esto no suena a continuación tranquila de lo anterior, sino a un giro deliberado hacia algo más áspero, más físico, más incómodo en el buen sentido.
La banda de Southend lleva activa desde principios de la década de 2010 y ha ido construyendo una carrera que oscila entre el rock alternativo de gran formato y momentos donde el sonido se complica, se enrarece, se vuelve más difícil de clasificar. «Stray Dogs» parece caer en ese segundo territorio. Se habla de vuelta a las raíces más contundentes, de recuperar el lado crudo y experimental. Eso, viniendo de ellos, no es marketing vacío. Es una dirección que ya habían explorado antes y que en algún momento dejaron aparcada.
La pregunta que queda en el aire no es si el single es bueno o malo. Es qué significa que una banda en su quinto disco decida volver a algo que ya tenía, en lugar de seguir empujando hacia adelante.
Cuatro discos antes de este y una trayectoria que nunca fue en línea recta
Nothing But Thieves publicaron su debut homónimo en 2015 y desde el primer momento dejaron claro que no iban a ser fáciles de encasillar. Rock alternativo con influencias que iban del grunge al art rock, voces que podían ir de lo delicado a lo visceral en cuestión de segundos, y una capacidad para el riff que no siempre se valoró lo suficiente en la prensa de entonces.
«Moral Panic», su tercer disco publicado en 2020, fue quizás el momento en que más se alejaron de ese sonido inicial. Más producido, más orientado a cierto rock de estadio con capas electrónicas, generó divisiones entre quienes los seguían desde el principio. No fue un mal disco, pero sí uno que dejó a parte del público con la sensación de que la banda estaba calibrando hacia dónde ir a continuación.
«Dead Club City» llegó en 2023 y fue un proyecto conceptual, una especie de álbum de rock con narrativa propia, ambicioso en su planteamiento pero no siempre resuelto con la misma energía en todas sus partes. Interesante como ejercicio, más desigual como escucha. Y ahora, dos años después, llega este quinto disco que lleva su nombre, otro disco homónimo, lo cual en la carrera de cualquier banda suele ser una señal de que algo se está reiniciando o redefiniendo.
Que lo hayan llamado igual que el primero no es un accidente. Es una declaración.
Lo que dice volver al sonido crudo cuando ya tienes cuatro discos encima
Hay una trampa en la que caen muchas bandas de rock cuando llevan una década en activo. La trampa de pulir demasiado. De dejar que la producción tape lo que antes era rugoso y genuino. De hacer discos que suenan bien en cualquier altavoz pero que no te agarran por ningún sitio.
Nothing But Thieves no son los únicos que han pasado por ahí. Es casi una constante en bandas de su generación y su escena, el rock alternativo británico de los años 2010, que empezó con mucha energía y fue cediendo terreno a medida que el mercado del streaming penalizaba la incomodidad y premiaba la accesibilidad inmediata. El algoritmo no tiene paciencia para los discos que necesitan tres escuchas para abrirse.
Por eso cuando una banda anuncia que vuelve a algo más crudo y experimental, la reacción honesta no debería ser aplaudir automáticamente. Debería ser preguntar si es un movimiento real o si es el tipo de relato que se construye alrededor de un disco para que suene más interesante de lo que es. Con «Stray Dogs» todavía no hay suficiente información para saberlo con certeza. Lo que sí se puede decir es que el hecho de que sea la canción que da nombre al álbum completo sugiere que la banda está dispuesta a poner ese tono al frente, no a esconderlo en el tracklist.
Eso, al menos, merece crédito.
Una canción que se llama igual que el disco y lo que eso obliga a sostener
Con la información disponible por ahora, no se puede hacer un análisis detallado de la producción o la instrumentación de «Stray Dogs». Lo que sí se puede hacer es pensar en lo que implica elegir esta canción como título del álbum y como adelanto principal.
Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta, estaríamos hablando de un rock que recupera peso físico, que no tiene miedo de sonar incómodo, que deja espacio para que las guitarras respiren sin que todo esté demasiado calculado. La referencia a lo experimental también es relevante. Nothing But Thieves en modo experimental no significa ruido por el ruido, significa texturas que no encajan del todo, estructuras que no van donde se espera, momentos donde la canción se permite ser extraña.
La voz de Conor Mason es uno de los activos más claros de la banda y siempre ha funcionado mejor cuando tiene algo contra lo que empujar. Un sonido más crudo le da más margen. En los momentos más producidos de su discografía, esa voz a veces quedaba flotando sobre una base demasiado controlada. Si «Stray Dogs» recupera la tensión entre lo vocal y lo instrumental, puede ser uno de los singles más honestos que hayan publicado en mucho tiempo.
La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto al artista dentro de un panorama donde el rock alternativo lleva años buscando su sitio entre el pop de producción digital y los restos de una escena que nunca terminó de reconstruirse después de los 2010.
El 25 de septiembre y lo que queda por saber del disco
La fecha está fijada. El 25 de septiembre sale el álbum homónimo completo. Lo que queda por ver es si «Stray Dogs» es representativo del conjunto o si es el momento más extremo de un disco que en realidad tiene más capas de las que el single sugiere. Eso también sería legítimo. No todos los discos tienen que ser uniformes.
Lo que hay que vigilar a partir de aquí es si aparecen más adelantos antes de septiembre y hacia dónde apuntan. Si la banda anuncia fechas de gira. Si el disco llega con algún tipo de presentación en directo, que es donde Nothing But Thieves siempre han demostrado de qué están hechos realmente. En estudio se pueden controlar muchas cosas. En directo, no.
Y esa es, al final, la prueba que importa. Un disco que promete crudeza y experimentación tiene que aguantar el peso de un escenario sin red debajo. Si «Stray Dogs» suena igual de contundente en vivo que lo que apunta en papel, entonces este quinto disco puede ser el que muchos de sus seguidores llevaban esperando desde hace dos o tres años. Si no, habrá sido una promesa bien vendida.
Septiembre dirá.
Fuente original: Nuevo tema de Nothing But Thieves.
