Hay algo profundamente honesto en decidir llamar a tu disco con una palabra que la gente usa para ridiculizarte. Nil Roig, conocido fuera de La Élite como YUNG PRADO, ha publicado GUFI, un álbum de verano que parte de una premisa aparentemente simple —reivindicar al payaso, al torpe, al que no intenta parecer interesante— y acaba revelando algo mucho más íntimo: que debajo de los beats secos y los sintetizadores cortantes, lo que late es el amor. Y la añoranza. Y ese estado extraño de estar tirado en un bar, sin hacer nada especial, sin poder dejar de pensar en alguien.

Qué ha pasado

YUNG PRADO, el alter ego en solitario de Nil Roig —uno de los dos integrantes del dúo La Élite—, ha lanzado GUFI, un álbum de 21 pistas y 61 minutos de duración que se presenta como su apuesta musical para este verano. El título proviene del inglés goofy, término que describe a alguien un poco payaso que se disimula para encajar socialmente. Roig decide apropiarse de esa etiqueta y construir desde ella un proyecto de reafirmación personal. El disco transita por el electroclash, el techno, el acid house y el trance, con colaboraciones que incluyen a Yurena SIMONA y a doppel gangs, entre otros. La información proviene de la cobertura publicada en jenesaispop.com.

El contexto que explica el titular

La Élite es uno de esos proyectos españoles que han sabido construir una identidad propia dentro del pop alternativo en castellano: irónico, irreverente, con canciones que llevan títulos como Contento de ser feo o Mata a tu jefe y que funcionan como pequeños manifiestos de contracultura cotidiana. Nil Roig, desde ese contexto, llega a GUFI con un bagaje estético muy definido. El electroclash que convoca —Miss Kittin, Fischerspooner, el electro más primitivo de principios de los 2000— no es una referencia casual: es un género que siempre tuvo algo de pose desafiante, de frialdad irónica usada como escudo. Que alguien con ese lenguaje decida hablar de amor, de resacas, de bares en Berlín y de crushes en el club, dice algo sobre cómo está evolucionando la música electrónica de autor en España: hacia lo personal, hacia lo confesional, sin abandonar del todo la armadura del beat.

La pregunta de fondo

¿Puede la música de baile ser un lugar para la vulnerabilidad? Durante décadas, la electrónica —especialmente en sus variantes más frías y urbanas— ha funcionado como un espacio de anonimato protector: la pista oscura, el volumen que impide hablar, los cuerpos que se mueven sin necesidad de explicarse. GUFI propone algo diferente: usar esa misma maquinaria sonora para decir te echo de menos, para narrar el instante en que alguien te dice en un club que no eres de aquí y tú sientes que estás en el cielo. La pregunta que deja el disco no es técnica ni comercial. Es más antigua: ¿cuánto de lo que bailamos es, en realidad, lo que no nos atrevemos a decir en voz alta?

Una lectura musical

Los beats secos y cortantes de GUFI crean un paisaje sonoro que recuerda al electro más esquemático, pero lo que ocurre dentro de ese esqueleto rítmico es más complejo. La intro reggae y el interludio casi new-age al estilo Enigma sugieren que Roig no está interesado en la pureza de género, sino en la acumulación de texturas que evocan épocas y estados de ánimo distintos. Hay momentos de acid en En mis sueños y de trance en Sexy Vibes, pero son las canciones románticas las que dan coherencia emocional al conjunto. Pensando en ti funciona por repetición obsesiva, como un pensamiento que no se puede apagar. Enamorado de ti, con doppel gangs, recupera la eficiencia melódica del mejor pop sintético de los ochenta. Son las 3 remite a Trans-X con una naturalidad que no huele a nostalgia forzada. Lo que falta, según una lectura honesta del disco, es la provocación que el propio género y la propia trayectoria de Roig harían esperar: canciones políticamente incorrectas, letras con filo, el tipo de atrevimiento que en su momento distinguió a Alma-X o L-Kan dentro de la escena electrónica española. GUFI es un disco que brilla cuando se entrega al amor y pierde algo de tensión cuando se queda en la superficie de la cotidianidad.

Lo que conviene observar ahora

YUNG PRADO es un proyecto que existe en paralelo a La Élite, y esa dualidad es en sí misma interesante. Lo que Nil Roig construye en solitario parece más íntimo, más dispuesto a la emoción directa, menos protegido por la ironía compartida del dúo. Si GUFI encuentra su público —y hay razones para creer que lo encontrará, especialmente entre quienes siguen la escena electrónica española con atención— podría marcar una dirección: la de una música de baile que no renuncia a la complejidad sentimental. Vale la pena seguir cómo evoluciona este alter ego, qué ocurre cuando vuelva a La Élite con todo lo aprendido aquí, y si el próximo paso será, por fin, el disco que se atreva a ser tan raro e incómodo como su propio título prometía.

Fuente original: YUNG PRADO / GUFI.

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