Rubén Pozo no ha cerrado la maleta todavía. Después de recorrer España con la gira 50TOWN, con la que presentó su último disco en directo, el músico madrileño ha anunciado que la carretera continúa: llega la 50TOWN Segunda Tanda, una extensión de la misma gira que le llevará de nuevo a los escenarios acompañado de la misma banda de siempre, Los Chicos de la Curva.
El grupo lo forman Víctor Pescador a la guitarra y coros, Ángel Herranz al bajo y Loza a la batería. Tres músicos que no son simples acompañantes de sesión, sino parte del sonido que Pozo ha construido sobre el escenario durante esta etapa de su carrera en solitario.
El anuncio llega sin grandes aspavientos, que es precisamente la forma en que Rubén Pozo suele moverse: sin campaña de marketing ruidosa, sin cuenta atrás en redes sociales, sin misterio artificial. Solo la confirmación de que hay más fechas y que merece la pena seguir tocando.
Contexto de la noticia
Rubén Pozo lleva años construyendo una carrera en solitario que convive, de manera natural, con su identidad como miembro fundador de Pereza, la banda que formó junto a Leiva y que dejó una huella profunda en el pop-rock español de los 2000. Esa historia no desaparece, pero tampoco define por completo lo que Pozo ha hecho después.
Su trabajo como solista ha apostado por un rock de raíces, con influencias que van desde el blues más directo hasta el folk eléctrico, pasando por el country americano y el rock clásico de carretera. Un sonido que no busca encajar en las listas de reproducción algorítmicas, sino en los bares y salas donde la gente todavía escucha con atención.
La gira 50TOWN nació como presentación de su último trabajo discográfico y, al parecer, la respuesta del público ha sido suficientemente buena como para justificar una segunda vuelta. Cuando un artista de este perfil decide extender una gira, no suele ser por presión de una multinacional. Suele ser porque los conciertos están funcionando de verdad.
El nombre 50TOWN tiene resonancias americanas, casi cinematográficas. Evoca carreteras secundarias, ciudades medianas, el tipo de músico que prefiere tocar en salas con historia antes que en pabellones sin alma. Si eso es una declaración de intenciones o simplemente un título, el tiempo lo irá aclarando.
Por qué importa
En un momento en que el negocio de la música en directo está atravesando una tensión real, con precios de entradas disparados, macrofestivales que acaparan los grandes nombres y una oferta de conciertos que puede resultar abrumadora para el oyente medio, el movimiento de Rubén Pozo apunta en una dirección diferente.
Extender una gira de estas características, con una banda pequeña y un repertorio construido sobre la honestidad antes que sobre el espectáculo, es una apuesta por el formato de sala media. El tipo de concierto donde el artista y el público comparten el mismo aire, donde no hay pantallas gigantes de por medio y donde la música tiene que sostenerse sola, sin producción que la infle artificialmente.
Ese formato está bajo presión. Las salas de tamaño medio son las más vulnerables del ecosistema de la música en vivo: demasiado grandes para ser íntimas, demasiado pequeñas para competir con los grandes eventos. Que artistas como Pozo sigan apostando por ellas no es un gesto romántico, es una decisión económica y artística que tiene consecuencias reales para el tejido cultural de muchas ciudades.
Además, la figura del músico que presenta su propio disco con su propia banda, sin grandes estrategias de lanzamiento detrás, es cada vez más escasa. En un panorama dominado por singles sueltos y colaboraciones diseñadas para el algoritmo, una gira de presentación de disco tiene algo casi anacrónico. Y eso, en este contexto, no es un defecto.
El ángulo musical
Lo que puede decirse con seguridad, a partir de lo que se conoce de la trayectoria de Rubén Pozo, es que sus conciertos en solitario funcionan sobre una lógica muy concreta: la banda como unidad, no como decorado.
Víctor Pescador en la guitarra aporta una dimensión que va más allá del acompañamiento. Ángel Herranz al bajo y Loza en la batería forman una base rítmica que en el directo tiende a ser más contundente que en estudio, como suele ocurrir con este tipo de rock de raíces cuando se toca con músicos que se conocen bien.
La pregunta interesante no es solo cómo suena el disco en directo, sino qué pasa con él cuando lleva meses rodándose sobre los escenarios. Los arreglos cambian. Las canciones se alargan o se acortan. Algunos temas que en estudio funcionaban de una manera encuentran en el directo una versión más definitiva. Eso es lo que una Segunda Tanda puede ofrecer: no la presentación de un disco, sino su madurez en vivo.
Basándose en el perfil musical que Pozo ha construido a lo largo de su carrera en solitario, cabe esperar un directo donde el volumen y la precisión convivan sin estridencias, donde los coros de Pescador añadan capas sin saturar, y donde el espacio entre los instrumentos sea tan importante como las notas que se tocan. Es el tipo de rock que no necesita efectos especiales para funcionar.
Qué puede pasar ahora
Las próximas semanas deberían traer la confirmación de las fechas completas de la 50TOWN Segunda Tanda. Según la información disponible, la gira arranca el 30 de enero, aunque el listado completo de ciudades y recintos está pendiente de comunicarse en su totalidad.
Para quienes no pudieron ver a Rubén Pozo durante la primera tanda, esta extensión es una segunda oportunidad real. Para quienes ya estuvieron, la pregunta es si el repertorio habrá evolucionado, si habrá novedades en el setlist o si alguna canción habrá encontrado en estos meses una forma definitiva que no tenía al principio de la gira.
Vale la pena seguir los canales oficiales del artista para estar al tanto de las fechas que vayan confirmándose. En este tipo de giras, las entradas en salas medianas se agotan sin demasiado ruido previo, precisamente porque el público que acude no necesita que nadie le recuerde por qué quiere ir.
Fuente original: Rubén Pozo anuncia la gira 50TOWN Segunda Tanda.
