Hay discos que no envejecen porque nunca pretendieron durar. Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols fue concebido como una detonación, no como un legado. Y sin embargo, casi cincuenta años después de su publicación, el único álbum de estudio de los Sex Pistols sigue generando libros, debates y relecturas. La más reciente llega de la mano de Fernando Ballesteros, que ha publicado un volumen dedicado íntegramente a este disco dentro de la colección Elepé de la editorial Efe Eme. Un libro que, según los primeros apuntes sobre él, se presenta como apasionado, detallado y cuidado en su construcción.

La colección Elepé lleva tiempo dedicándose a diseccionar álbumes fundamentales de la historia del rock y el pop con una mirada que va más allá de la anécdota. Que uno de sus títulos se ocupe ahora de Never Mind the Bollocks no es casual. Habla de un momento en el que la crítica musical en español está encontrando espacio para un análisis más profundo y sostenido de los discos que definieron géneros enteros.

Contexto de la noticia

Los Sex Pistols publicaron Never Mind the Bollocks en octubre de 1977. Lo hicieron en medio de una tormenta mediática, con la BBC negándose a emitir sus singles, tiendas de discos procesadas judicialmente por exhibir el título en sus escaparates y una prensa que oscilaba entre el escándalo moral y la fascinación. El disco llegó al número uno en el Reino Unido y, en el plazo de pocos meses, cambió la manera en que una generación entendía para qué servía la música popular.

Pero más allá del ruido, Never Mind the Bollocks era un objeto sonoro muy específico. Producido por Chris Thomas y Bill Price, tenía una claridad y una contundencia que lo alejaban del lo-fi que muchos asociaban al punk. Era sucio en actitud, pero preciso en ejecución. Esa contradicción ha alimentado décadas de análisis sobre qué fue realmente el punk: ¿una revolución genuina o un producto bien empaquetado?

Fernando Ballesteros se adentra en esa pregunta con un libro que, según la información disponible, reconstruye la historia del álbum con rigor y con pasión. Ballesteros no es un nombre nuevo en la crítica musical española. Su trabajo forma parte de una generación de escritores que han tomado en serio la tarea de documentar el rock desde una perspectiva hispanohablante, sin limitarse a traducir lo que ya se ha dicho en inglés.

Por qué importa

La publicación de este libro ocurre en un momento en el que el formato del ensayo musical sobre un álbum concreto está viviendo un pequeño renacimiento. La colección 33⅓ lleva décadas haciéndolo en inglés, y su influencia ha inspirado proyectos similares en otros idiomas. Que Efe Eme apueste por este modelo con su colección Elepé dice algo sobre el estado de la crítica musical en español: hay lectores dispuestos a ir más allá del artículo de mil palabras y a sentarse con un libro que les explique por qué un disco importa.

En un ecosistema dominado por el streaming y las listas de reproducción, la idea de dedicarle un libro entero a un álbum es casi un acto de resistencia. No porque los algoritmos sean el enemigo, sino porque el formato libro obliga a una atención sostenida que las plataformas digitales no facilitan. Leer sobre Never Mind the Bollocks durante una hora seguida es una experiencia radicalmente distinta a escuchar sus diez canciones en shuffle mientras se hace otra cosa.

Además, hay algo significativo en que este disco en particular reciba este tratamiento ahora. El punk ha sido objeto de una nostalgia creciente en los últimos años, pero también de una revisión crítica que cuestiona sus mitos fundacionales. ¿Cuánto había de espontaneidad y cuánto de construcción deliberada? ¿Johnny Rotten era un artista o un personaje? ¿Malcolm McLaren era un mánager o el verdadero autor conceptual del proyecto? Un libro como el de Ballesteros tiene la oportunidad de responder a estas preguntas con más matices de los que permite un post en redes sociales.

El ángulo musical

Never Mind the Bollocks es uno de esos discos que todo el mundo cree conocer y muy pocos han escuchado con atención real. Sus singles más conocidos —«Anarchy in the U.K.», «God Save the Queen», «Pretty Vacant»— han sido reproducidos tantas veces en tantos contextos que han perdido parte de su capacidad de incomodar. Pero el álbum completo, escuchado de principio a fin, tiene una coherencia y una brutalidad que siguen siendo difíciles de ignorar.

La guitarra de Steve Jones construye muros de sonido que deben más al hard rock que al garage punk. La batería de Paul Cook es sólida y directa, sin artificios. Y la voz de John Lydon —entonces todavía conocido como Johnny Rotten— es uno de los instrumentos más peculiares que ha producido el rock británico: nasal, sarcástica, capaz de pasar del desprecio absoluto a algo que casi suena a dolor en el espacio de una misma frase.

Lo interesante de analizar este disco en 2024 o 2025 es que su contexto original ha desaparecido casi por completo. Ya no hay una BBC que se niegue a emitirlo. Ya no hay una clase política a la que escandalice. La reina Isabel II, a quien iba dirigido «God Save the Queen», murió en 2022. El punk como gesto de provocación institucional ha perdido gran parte de su objetivo. Lo que queda es la música, y la música aguanta.

Un libro como el de Ballesteros tiene el mérito de enfrentarse a esa música sin la muleta del escándalo. Si la reconstrucción histórica que propone es tan detallada como se apunta, el lector tendrá la oportunidad de entender no solo qué pasó alrededor del disco, sino qué decisiones sonoras lo convirtieron en lo que es. Eso es, en el fondo, lo que distingue la crítica musical seria de la simple celebración.

Qué puede pasar ahora

El siguiente paso natural es que este libro encuentre lectores más allá del círculo de la crítica especializada. La colección Elepé de Efe Eme tiene un perfil de lector que ya conoce la importancia de los discos que trata, pero libros como este también pueden funcionar como puertas de entrada para quien quiera entender por qué el punk fue algo más que chicos con alfileres en las orejas.

Sería interesante ver si la publicación genera conversación sobre otros álbumes del género que merecerían un tratamiento similar en español. Hay una historia del punk y el post-punk en lengua castellana que todavía está por escribirse con la profundidad que merece. El libro de Ballesteros podría ser un estímulo en esa dirección.

La pregunta que queda abierta es si este tipo de publicación puede competir por la atención del lector joven, ese que descubrió a los Sex Pistols a través de una serie de Netflix o de una lista de Spotify etiquetada como «punk clásico». Si lo consigue, habrá hecho algo que el propio disco intentó hacer en 1977: interrumpir el ruido de fondo y obligar a prestar atención.

Fuente original: Fernando Ballesteros reconstruye la historia de Never mind the bollocks, de los Sex Pistols.

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