¡Hola, exploradores!
Antes de tocar una nota como cantante, Xerach ya llevaba años detrás de la batería de otros, ha sido percusionista de Ale Acosta (Fuel Fandango), ha tocado y producido para Christina Rosenvinge, Roba Estesa y La Mare, girando por Europa, Latinoamérica y África, y salió de Berklee College of Music como mejor alumna, cum laude, además de titulada superior en batería jazz por la ESMUC. No es una cantante que un día decidió montar una banda, es una batería que un día decidió coger el micrófono.
Ese recorrido se nota en todo lo que hace. En 2016 publicó Tizziri, una suite de jazz con la que debutó como líder de su propio proyecto, y no fue hasta 2025, con Canciones Bobas, cuando dio el paso al frente como cantante de sus propias canciones, construyendo un lenguaje pop con mucho peso escénico y audiovisual, con temas como Lo que voy a mentir que van en esa misma línea, donde canción e imagen avanzan pegadas la una a la otra. Ha compuesto también para danza, con piezas como Pies de Gallina, premiada en los Premios PAD y los Premios Lorca, trabajó junto a Marta Pazos en Safo para el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, y en 2025 estuvo nominada a los Premios Canarios de la Música a Mejor Canción del Año. Xerach no se sube al escenario, lo construye.
Ahora mismo está metida en su segundo álbum, ¿Tú me quieres? Yo te adoro?, del que ya han salido adelantos como Ghosting, con el bailarín Jack Gómez, y su versión queer de Pobre Diabla, el clásico de Don Omar reinterpretado desde una mirada propia, y el último adelanto es este, «Gota a Gota», que es el que hoy me trae aquí.

Y aquí toca ser sincero. Sobre el papel, «Gota a Gota» no tenía nada que hacer conmigo, el autotune no es el efecto que más me gusta cuando se usa así, tan expuesto, y ese cruce entre lo latino y el chill out tiene ese aire modernillo que, por edad, ya no me pilla de primeras con los brazos abiertos, de hecho siendo sincero, me he sentado a escucharla esperando pasar página rápido.
Y aquí estoy, sorprendido, reconociendo que me he quedado enganchado a una canción que tiene alma, sentimiento y buen oficio detrás.
Lo que me ha hecho cambiar de idea es justo lo que en un principio me echaba para atrás. Ese autotune que normalmente me sobra, aquí funciona como un guante, no está para sonar bonito, está para sonar roto, y hace exactamente lo que la canción necesita, que es transmitir la rotura sentimental de la que habla la letra. Cuando Xerach canta «yo que soy isla, no pongo un pie en el mar» con la voz procesada hasta ese punto, no suena a moda, suena a alguien que ya no confía ni en su propia voz.
Y luego está el ambiente onírico, que es uno de mis placeres prohibidos y aquí está servido en bandeja. Toda la mezcla vive metida en el bajo, la tambora y el bajo de techno se comen casi todo el espacio, apenas queda brillo arriba, y esa falta de aire hace que la canción suene como si viniera de debajo del agua. A mí esa sensación de ahogo controlado me atrapa siempre que la encuentro bien hecha, y aquí lo está, le sienta como un guante para expresar esa soledad y esa desesperación que la canción quiere transmitir, y que a mí, personalmente, me ha transmitido de verdad.

La tonalidad ayuda a esa sensación, el tema se mueve entre Do mayor y su relativa La menor, y yo me quedo con el menor, porque a La menor siempre se le atribuyó un carácter tierno, lloroso, casi de piedad femenina, y aunque suene a etiqueta de otro siglo, encaja perfectamente con lo que cuenta la canción, una relación entre dos mujeres que no se rompe por falta de cariño, sino porque ese mismo cariño se ha vuelto asfixiante.
El tempo, en torno a los 105 bpm, es el otro ingrediente que sostiene todo esto, ni tan lento como para llamarlo balada ni tan rápido como para que te olvides de la tensión, es el tempo de quien quiere que te lo tomes con calma.
Y la estructura hace el resto, esta es una de esas canciones que no entran fuerte de golpe, es una de esas que van in crecendo, empieza suave como susurrando timidamente, La canción no llega fuerte de golpe, crece, empieza casi en un susurro, se guarda un respiro a mitad de camino, y a partir de ahí ya no baja, sube y sube hasta meterse en un tramo final larguísimo donde el hook de percusión ya no suelta. No hay ese bajón típico entre estribillo y estribillo que usan la mayoría de canciones de pop electrónico para poder subir otra vez con más fuerza, aquí hay una sola rampa que no para, gota a gota, como dice el título, hasta que te ha inundado entero.
A nivel instrumental el protagonismo es todo rítmico, como cabía esperar de alguien que es batería antes que cantante, el hook central no es una melodía compleja, es percusión pura, y la voz procesada actúa casi como un elemento más de esa percusión en vez de como una voz al uso.
Así que ya veis, la canción que en el papel tenía todas las papeletas para dejarme frío ha terminado siendo de las que más me han removido este mes, no deberíais dejarla pasar.
Podéis seguir a Xerach en Spotify, Instagram y YouTube.
Y ahora te toca a ti, acabamos de abrir la lista de éxitos de Exploradores de Ondas, donde puedes votar por tu canción favorita para pelear por el número uno. «Gota a Gota» ya está dentro. ¿Le damos el trono o hay algo esta semana que aprieta más fuerte que esto?
