El Valdorrock no es un festival que llene portadas de medios generalistas. No tiene patrocinadores de refrescos en el cartel ni influencers en el backstage. Lo que tiene es un escenario donde bandas como Girish and the Chronicles, Leize, Sinner Rage, Northon y Diabólica se ponen delante de gente que sabe exactamente por qué está ahí. Eso ya es bastante.

La crónica recoge lo que ocurrió en una jornada que mezcló nombres de distintas generaciones y procedencias dentro del rock y el metal. Desde los indios Girish and the Chronicles, que llevan años siendo uno de los nombres más sólidos del hard rock melódico internacional, hasta propuestas más cercanas como Leize o Sinner Rage. Un cartel que sobre el papel puede parecer ecléctico, pero que en la práctica funciona porque el público de este tipo de festivales no va a descubrir nada, va a confirmar lo que ya sabe.

El Valdorrock y el ecosistema de festivales que nadie cuenta

Hay una red entera de festivales de metal y rock en España que opera fuera del radar de las grandes publicaciones. El Valdorrock es uno de ellos. Sin el presupuesto del Download ni la visibilidad del Resurrection Fest, estos eventos aguantan año tras año a base de comunidad, voluntad y bandas que todavía ven en los escenarios pequeños y medianos el lugar donde la música tiene más sentido.

Girish and the Chronicles vienen de Gangtok, Sikkim, una ciudad del noreste de India que no es exactamente el lugar que uno asocia con el hard rock de los ochenta. Y sin embargo llevan más de una década grabando discos que suenan como si Whitesnake y Deep Purple hubieran tenido un hijo en el Himalaya. Su presencia en un festival como el Valdorrock dice algo sobre cómo circula hoy el metal fuera de los circuitos anglosajones. No hace falta ser de Los Ángeles ni de Birmingham para tocar en Europa. Hace falta sonar bien y tener una base de fans que te siga.

Leize, por su parte, llevan décadas siendo un referente del heavy metal español. Su historia arranca en los ochenta, sobrevivieron a la travesía del desierto que vivió el género en los noventa, y siguen ahí. No como reliquia, sino como banda activa. Que aparezcan en un cartel junto a grupos más nuevos como Sinner Rage o Northon es exactamente el tipo de convivencia que hace que estos festivales tengan sentido más allá del entretenimiento puntual.

Lo que sostiene un cartel así cuando el mainstream mira hacia otro lado

La pregunta que no se hace nadie cuando habla de festivales pequeños de metal es cuánto trabajo hay detrás para que eso ocurra. No el trabajo logístico, que también, sino el trabajo de convencer a una banda como Girish and the Chronicles de que merece la pena cruzar medio mundo para tocar en un festival que probablemente no les va a dar el caché que consiguen en otras plazas europeas. Eso pasa porque hay una relación de confianza entre la organización, las bandas y el público que el algoritmo no puede replicar.

El metal vive en directo de una manera que otros géneros han perdido. No es nostalgia, es estructura. El público de metal compra entradas, compra merch, viaja, repite. Es uno de los segmentos más fieles de toda la música en vivo, y festivales como el Valdorrock existen porque esa fidelidad tiene dónde ir. Cuando los precios de los grandes festivales se disparan y las programaciones se homogenizan para captar al mayor número posible de perfiles distintos, los festivales especializados ganan en identidad lo que pierden en tamaño.

Que Diabólica o Northon compartan escenario con Leize o con Girish and the Chronicles no es un accidente de programación. Es una declaración de intenciones sobre qué tipo de música quiere defender ese festival y a qué público le está hablando.

Girish Pradhan en directo, o por qué la voz todavía importa

Con la información disponible de la crónica, Girish and the Chronicles fueron el plato fuerte de la jornada. Y tiene su lógica. Girish Pradhan tiene una voz que en el hard rock melódico actual escasea. No es el tipo de cantante que depende de la producción para sonar grande. En directo, ese tipo de voces o se sostienen o se caen. La reputación que llevan construyendo desde discos como Rock the Highway o Back on the Grind sugiere que se sostienen.

Lo que puede decirse de momento, sin haber estado en el Valdorrock, es que una banda como esta en un escenario de festival pequeño o mediano tiene una ventaja que los grandes recintos no dan. La proximidad. Cuando el sonido llega sin diez mil personas de por medio, cuando puedes ver la cara del guitarrista y el sudor del cantante, la música cambia de naturaleza. No suena diferente, pero se siente diferente. Y en el hard rock melódico, donde la emoción es parte del contrato, eso cuenta.

Sinner Rage, la banda española del cartel, lleva un tiempo consolidando su posición dentro del metal nacional con un sonido que bebe del power metal europeo sin renunciar a la energía más directa del heavy clásico. Su presencia aquí no es de relleno. Es de banda que tiene algo que demostrar y que en este tipo de escenarios encuentra el espacio para hacerlo.

Lo que queda después de un festival así

La crónica del Valdorrock no va a aparecer en los trending topics de mañana. Eso ya se sabe antes de publicarla. Pero lo que describe, una tarde o noche de metal con cinco bandas y un público que sabe lo que quiere, es exactamente el tipo de cosa que mantiene vivo un género que los grandes medios dan por muerto cada cinco años y que sigue llenando festivales por toda Europa.

Lo que hay que vigilar ahora es si el Valdorrock sigue creciendo en ediciones futuras, si Girish and the Chronicles amplían su presencia en el circuito español, y si bandas como Sinner Rage o Northon aprovechan la visibilidad de un cartel así para dar el siguiente paso. Los festivales pequeños no son el final del camino para una banda. A veces son el principio de algo más grande. La pregunta es quién está mirando.

Fuente original: Crónica y Fotos del VALDORROCK con GIRISH AND THE CHRONICLES + LEIZE + SINNER RAGE+ NORTHON + DIABÓLICA.

Conoce al autor del post

Publicidad

Los comentarios están cerrados.