Marisa Valle Roso ha dado un paso que no todo el mundo se atreve a dar con su propio material. Ha cogido «Al molín», uno de los temas centrales de Cenicientes, su último álbum, y lo ha puesto en manos del dúo electrónico asturiano Llevólu’l Sumiciu para que lo reinterpreten desde otro lenguaje sonoro. El resultado es un remix que, según apunta la información disponible, no abandona los valores de la canción original sino que los traslada a un territorio diferente.

Eso ya dice algo. No es un remix de marketing, de esos que se encargan para que el tema aparezca en playlists de electrónica y sume reproducciones de un público que no habría llegado al original. O al menos eso es lo que sugiere la descripción que acompaña al lanzamiento, que habla de mantener la esencia mientras se cambia el idioma musical. Habrá que escucharlo para saber si eso se cumple de verdad.

La noticia viene de Efe Eme y los detalles son los justos, así que lo que se puede hacer aquí es poner esto en perspectiva y pensar en voz alta sobre qué significa este movimiento dentro de la trayectoria de Valle Roso y dentro del momento que vive la música de raíz en España.

Cenicientes, el disco del que sale todo esto

Marisa Valle Roso lleva décadas trabajando desde Asturias con una propuesta que combina la tradición musical asturiana con una mirada contemporánea. Cenicientes es su trabajo más reciente, un álbum que ya de por sí se movía en esa tensión entre lo antiguo y lo actual. «Al molín» es uno de sus temas, y el hecho de que sea precisamente esa canción la elegida para el remix no es un detalle menor.

Llevólu’l Sumiciu es un dúo asturiano que trabaja en electrónica. La conexión geográfica y cultural entre ambos no es casual. Hay una coherencia en la elección del colaborador que habla de que esto no se ha hecho a la ligera. No se ha llamado a un productor de Madrid o Barcelona con nombre en el circuito indie para darle visibilidad al proyecto. Se ha buscado a alguien que viene del mismo territorio, que comparte referencias, que entiende de dónde sale la música que está reinterpretando.

Eso marca una diferencia. O debería marcarla.

Lo que dice este remix sobre cómo sobrevive la música de raíz hoy

La música de raíz tiene un problema estructural en el ecosistema digital actual. No es que no haya público, es que el algoritmo no sabe muy bien dónde meterla. No encaja limpiamente en ninguna de las categorías que alimentan las playlists de Spotify. No es world music al uso, no es folk anglosajón, no es flamenco, no es indie. Es música asturiana, con toda la especificidad que eso implica, y esa especificidad es a la vez su mayor valor y su mayor obstáculo para circular.

Un remix electrónico puede ser una forma honesta de abrir una puerta. Si el resultado mantiene la identidad del material original, lo que consigues es que alguien que llega desde la electrónica se encuentre de golpe con una música que no esperaba y que quizás no habría buscado nunca. Eso tiene valor real. El problema es cuando el remix borra exactamente lo que hacía interesante al original, cuando lo único que queda es el ritmo y la producción y la canción desaparece debajo.

Con la información disponible por ahora, la intención declarada apunta hacia lo primero. Tradición y electrónica conviviendo, no la una aplastando a la otra. Si eso se sostiene en el audio, este remix funciona como argumento cultural, no solo como estrategia de distribución.

Qué se puede decir del sonido antes de escucharlo

«Al molín» es una canción que viene de Cenicientes, un disco que ya trabajaba con capas y con atmósfera. La voz de Marisa Valle Roso tiene un peso específico que no desaparece fácilmente debajo de una producción electrónica, y eso es un punto de partida favorable para este tipo de operación.

Llevólu’l Sumiciu, por su parte, trabaja en un espacio electrónico que, según lo que se conoce de su trabajo, no es ajeno a las texturas orgánicas. Si esa sensibilidad se aplica a «Al molín», lo que cabría esperar es algo más cercano a la electrónica de raíz que ha hecho cosas interesantes en otros contextos europeos, ese territorio donde el sintetizador y el folclore no se pelean sino que se escuchan.

Pero eso es especulación razonada, no certeza. La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino si el resultado tiene vida propia o si es simplemente una versión decorativa de algo que ya funcionaba solo.

Lo que queda por saber después de este movimiento

Lo inmediato es escuchar el remix y comprobar si cumple lo que promete la descripción. Eso es lo primero y lo más importante, porque todo lo demás son palabras.

Lo segundo es ver qué hace Marisa Valle Roso a partir de aquí con Cenicientes. Un remix de este tipo puede ser un movimiento aislado o puede ser el inicio de una segunda vida del disco, con más colaboraciones, con presencia en festivales de electrónica, con un público nuevo que llega al trabajo completo a través de esta puerta lateral. Depende de cómo se gestione y de si hay una estrategia detrás o si es simplemente una colaboración puntual entre artistas que se conocen y se respetan.

Y lo tercero, que es quizás lo más interesante a medio plazo, es si esto abre conversación sobre cuántas músicas de raíz españolas están esperando exactamente este tipo de encuentro con productores que vengan del mismo territorio cultural. Porque el problema no es la música. El problema es que nadie la escucha si no encuentra el camino hacia ella.

Un remix bien hecho puede ser ese camino. O puede ser ruido. Pronto se sabrá.

Fuente original: Marisa Valle Roso en modo electrónico para un remix.

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