Tony Hicks y Bobby Elliott han decidido que ya es suficiente. Los dos últimos miembros de la formación clásica de The Hollies han anunciado su retirada, y con eso se cierra oficialmente la historia de una banda que lleva activa desde 1962. Sesenta y cuatro años. Hay personas que no han vivido tanto tiempo como los Hollies han estado en activo.

El motivo que ha precipitado el final es la salud de Tony Hicks, el guitarrista que ha sido columna vertebral del grupo durante toda su existencia. Bobby Elliott, baterista desde los primeros años, ha decidido retirarse también en solidaridad con su compañero. No hay gira de despedida anunciada, no hay álbum final de estudio, no hay gran espectáculo de cierre. Solo dos músicos que han decidido que es el momento de parar.

Eso, en sí mismo, ya dice mucho de quiénes son.

Sesenta y cuatro años sin hacer demasiado ruido, y aun así siempre ahí

Los Hollies nacieron en Manchester en 1962, casi al mismo tiempo que los Beatles empezaban a sacudir todo lo que había antes de ellos. Eso fue, durante décadas, parte del problema de percepción que arrastraron. Eran contemporáneos de los más grandes, y eso significa que siempre estuvieron a la sombra de alguien.

Lo curioso es que su catálogo aguanta perfectamente la comparación con el de muchas bandas que reciben diez veces más atención crítica. «Bus Stop», «He Ain’t Heavy, He’s My Brother», «The Air That I Breathe», «Long Cool Woman in a Black Dress». Canciones que cualquiera reconoce aunque no sepa exactamente de quién son. Ese es el tipo de legado más difícil de defender, el que se mete en la cultura popular de forma anónima.

La banda sobrevivió a la marcha de Graham Nash en 1968, que se fue a California a formar Crosby, Stills & Nash. Eso fue un golpe real, porque Nash era una parte esencial de las armonías vocales que definían el sonido del grupo. Pero siguieron. Cambiaron de formación varias veces a lo largo de las décadas, perdieron y recuperaron miembros, navegaron por los setenta, los ochenta y los noventa sin desaparecer del todo nunca. Esa persistencia silenciosa es parte de lo que hace que este final resulte tan significativo.

Lo que se pierde cuando se van los últimos que estuvieron desde el principio

Hay una diferencia entre una banda que se disuelve y una banda que se extingue. Los Hollies no se han disuelto en un comunicado de prensa lleno de agradecimientos corporativos. Se han extinguido porque los dos últimos hombres que conectaban el grupo con su origen han decidido que no pueden seguir.

Tony Hicks llevaba en la banda desde 1962. Bobby Elliott desde 1963. Eso es una continuidad que muy pocas bandas de rock pueden reivindicar. No son músicos de sesión que mantienen vivo un nombre con fines comerciales, son las personas que estuvieron ahí cuando todo empezó. Cuando se van ellos, no queda nadie que pueda decir que fue testigo de lo que fue aquello en sus primeros años.

La industria musical tiene una relación extraña con este tipo de bandas. Las usa cuando le conviene, las ignora el resto del tiempo, y luego se llena la boca de nostalgia cuando desaparecen. Los Hollies han seguido actuando en circuitos de tamaño medio durante los últimos años, sin el apoyo mediático que reciben grupos de su generación con más glamour o más controversia en el historial. Eso es un reflejo de algo que no funciona bien en cómo valoramos el trabajo sostenido frente al golpe de efecto puntual.

No es un despropósito de la industria en el sentido escandaloso. Es algo más tranquilo y más persistente, la tendencia a premiar la narrativa por encima de la consistencia. Los Hollies tenían consistencia. Eso nunca fue suficiente para ponerlos en el centro del relato.

El sonido que construyeron y que nadie terminó de explicar bien

Lo que hacían los Hollies en su mejor momento era deceptivamente sencillo. Armonías vocales a tres voces que sonaban limpias sin ser frías, guitarras pop con gancho suficiente para aguantar el paso del tiempo, y una capacidad para escribir estribillos que se quedaban pegados sin recurrir al truco fácil.

La comparación automática con los Beatles les hizo un flaco favor durante décadas. Son dos propuestas distintas. Los Beatles empujaban hacia la experimentación, hacia el cambio de forma constante. Los Hollies encontraron un territorio y lo trabajaron con una precisión que no tiene nada de menor. «The Air That I Breathe», por ejemplo, es una canción que Radiohead citó como influencia directa para «Creep». Eso no es un dato menor. Es una línea directa entre el pop británico de los sesenta y uno de los grupos más influyentes de los noventa.

Con la información disponible por ahora, no hay detalles sobre si queda material inédito en los archivos del grupo o si habrá algún tipo de publicación póstumaconmemorativa. Lo que se puede decir es que el catálogo que dejaron es más rico de lo que la memoria colectiva suele reconocer, y que este final es un buen momento para volver a escucharlo sin los prejuicios que acumula cualquier banda que lleva demasiado tiempo en activo.

Lo que queda por ver, y lo que ya no va a pasar

No va a haber gira de despedida. Eso parece claro. Y en cierto modo es coherente con lo que han sido siempre, una banda que trabajaba sin grandes aspavientos. Que el final llegue de la misma forma que llegaron muchos de sus años de carrera, sin fanfarria, dice algo sobre su carácter.

Lo que sí puede pasar a partir de ahora es una reevaluación. Pasa a menudo cuando una banda de esta generación cierra definitivamente. De repente aparecen artículos, documentales, recopilaciones, homenajes. El reconocimiento que no llegó cuando podía haberles importado llega cuando ya no hay nadie para recibirlo. Ojalá esta vez el proceso fuera al revés, pero la industria no suele funcionar así.

La pregunta que queda en el aire es cuántas bandas de esta generación siguen activas únicamente porque sus miembros fundadores se niegan a parar, y cuántas lo hacen porque el negocio alrededor de su nombre todavía produce dinero suficiente para justificarlo. Los Hollies han parado porque Tony Hicks no puede seguir de gira. Eso es una razón humana, no comercial. En 2025, eso también es una rareza que merece ser nombrada.

Fuente original: Tras 64 años de carrera, los Hollies se retiran.

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