Bernard Lavilliers tiene 23 álbumes de estudio. El vigésimo tercero se llama Rite cruel y llega el 23 de octubre. Ese dato solo ya dice algo sobre la clase de artista que es, alguien que no ha parado, que no se ha retirado a vivir de los grandes éxitos, que sigue teniendo cosas que decir y la voluntad de decirlas con un disco nuevo.
El primer adelanto se llama Coriace. Y el propio Lavilliers ha explicado de dónde viene este trabajo con una frase que no deja mucho espacio a la ambigüedad. «En este álbum percibo el Imperio. El retorno de una voluntad de repartirse el mundo que había desaparecido con el fin de la Guerra Fría. El rey Ubú…» Pocas veces un artista resume tan bien, y tan rápido, el estado de ánimo de un disco.
Eso no es un álbum de canciones de amor. Es un álbum político, o al menos un álbum con una mirada muy concreta sobre el mundo. Y eso, en 2024, ya es una posición.
Cincuenta años haciendo discos sin pedir permiso
Lavilliers lleva en esto desde los años setenta. Nació en Saint-Étienne en 1946, empezó a publicar música a principios de los setenta y desde entonces no ha dejado de moverse. Su carrera es difícil de meter en una caja. Ha mezclado rock, reggae, salsa, funk, músicas del mundo antes de que esa etiqueta existiera, y letras que siempre han tenido un pie en la calle y otro en algún rincón del planeta que le interesaba explorar.
No es un artista que haya vivido de la nostalgia. Sus discos de los años noventa y dos mil siguieron siendo discos de alguien con cosas que contar, no de alguien intentando repetir una fórmula que funcionó. Eso es raro. Más raro de lo que parece cuando uno mira la lista de artistas de su generación que llevan décadas girando con el mismo repertorio de siempre sin añadir nada nuevo.
Con Rite cruel, Lavilliers llega al número 23. No es un número redondo, no hay un aniversario especial que justifique el disco. Lo que hay es un artista que tiene algo que decir y lo dice. Así de simple, y así de poco frecuente.
Lo que significa publicar un disco con ese título en este momento
El título Rite cruel no es neutro. Tampoco lo es la referencia al rey Ubú, el personaje de Alfred Jarry, esa figura grotesca, autoritaria y absurda que Jarry inventó a finales del siglo XIX y que desde entonces ha servido como metáfora cada vez que alguien quiere hablar del poder en su versión más ridícula y más peligrosa al mismo tiempo.
Lavilliers habla de «el retorno de una voluntad de repartirse el mundo». Eso es una lectura geopolítica clara. Y la pregunta interesante no es si tiene razón o no, sino qué significa que un músico de su trayectoria decida que ese es el tema central de su disco en este momento.
Hay algo que la música popular ha perdido en los últimos años, o al menos ha dejado de ocupar el centro, y es la capacidad de nombrar lo que está pasando políticamente sin convertirlo en consigna ni en eslogan de campaña. Lavilliers viene de una tradición, la chanson francesa con conciencia de clase, que sí tenía esa capacidad. Brassens, Ferré, Brel. Artistas que podían hablar del poder, de la guerra, de la injusticia, y que eso sonara a música y no a mitin.
Que Lavilliers siga tirando de ese hilo en 2024 no es nostalgia. Es una apuesta. Y es una apuesta que muy pocos artistas de su edad, o de cualquier edad, están dispuestos a hacer.
Lo que se puede decir de ‘Coriace’ sin haber escuchado el disco entero
Coriace es el único material disponible por ahora. El título en francés significa algo así como «duro», «resistente», alguien que no cede. Ya desde ahí hay una actitud.
Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que el punto de partida conceptual del álbum es sólido. La referencia al Imperio y al rey Ubú no es un capricho, es un marco interpretativo que Lavilliers ha construido con criterio. Eso no garantiza que el disco sea bueno, pero sí garantiza que hay una idea detrás, algo que no siempre se puede dar por sentado.
Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta la declaración de intenciones del propio artista, Rite cruel va a ser un disco incómodo en el buen sentido. No incómodo porque sea raro o experimental por el gusto de serlo, sino incómodo porque va a decir cosas que no todo el mundo quiere escuchar, y va a decirlas con la convicción de alguien que lleva cincuenta años haciéndolo.
La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto a Lavilliers dentro de la conversación musical actual. En un momento en que la mayoría de los artistas evitan el conflicto, evitan la posición clara, evitan cualquier cosa que pueda costarles seguidores, un disco que arranca desde la metáfora del Imperio y el rey Ubú es una declaración en sí misma.
El 23 de octubre como fecha que hay que marcar
Lo que queda por ver es cómo recibe esto el público. Lavilliers tiene una base de fans fiel, construida durante décadas, que no necesita que el algoritmo le explique quién es. Pero también hay una generación entera que no sabe quién es, y que podría encontrar en este disco algo que no está encontrando en ningún otro sitio.
No hay confirmación de gira por ahora, ni de fechas en España ni en ningún otro lugar. Lo que hay es un disco anunciado para el 23 de octubre y un adelanto que ya está disponible. Eso es suficiente para empezar a prestar atención.
La música que se posiciona, que tiene algo que decir sobre el mundo y lo dice sin disculparse, es cada vez más escasa. Cuando aparece, vale la pena escucharla. Aunque solo sea para saber si el argumento se sostiene cuando llegan las canciones.
Fuente original: Rite cruel es el nuevo álbum de Lavilliers.
