¡Hola exploradores!

Hoy me he decidido a escribir sobre Forajidos, grupo sevillano con un sonido country/rock y unas influencias muy marcadas por bandas legendarias como The Eagles o la inconmensurable Creedence Clearwater Revival, me ha llegado como uno de esos grupos a los que un servidor iría encantado a ver a cualquiera de sus directos.

La banda la forman cuatro grandes musicos, Calamity Inma a la voz principal y guitarra rítmica, que además compone, arregla y lleva la dirección musical y el management, con mandolina, ukelele y armónica también bajo su mando, Lyin’Eyes Dolo a la lead guitar, segunda voz y coros, con esa elegancia y sobriedad en el escenario que contrasta con la energía de Inma, y que también se marca temas al banjo, The Boss Alberto al bajo, perfeccionista hasta la médula y con esa cara de póker que nada parece perturbar, y Fer «Forajido» Jiménez a la batería, el que le da nombre al proyecto y el que más se deja la piel encima del escenario. Entre los cuatro se reparten un repertorio que va del country al country rock, pasando por el bluegrass y el southern rock, rindiendo tributo a Creedence, Eagles, Blackberry Smoke o Doobie Brothers, y compaginándolo con dos discos propios autoeditados, Studio Rehearsal y Canciones en el desierto, que tocan también en directo aunque, como digo, sean las versiones las que más me han enamorado.

Son un grupo independiente, lo suyo es tocar por amor a esas bandas de Americana que les marcaron, y eso se nota en cada acorde, no hay artificio ni cálculo de industria detrás, hay cuatro personas que disfrutan tocando lo que aman. La pasión por la música es la marca de la casa, se les nota el amor por lo que tocan y eso es media batalla ganada, y lo que hacen lo hacen muy bien, los covers de temas míticos como Proud Mary son una delicia. Las canciones originales también lo son, aunque, claro está, reconozco mucho más las versiones.

Y hablando de versiones, ahí es donde Forajidos se sale, Born to Be Wild y Proud Mary tocadas en directo con esa precisión que solo tienen las bandas que llevan años rindiendo homenaje a sus ídolos, sin quedarse en la mera imitación. Calamity Inma canta genial en directo, Fer a la batería está a un nivel altísimo, pero las guitarras son las auténticas estrellas del show, Lyin’Eyes Dolo se mueve entre la lead guitar y el banjo con una elegancia que ya quisieran muchos grupos con más nombre.

Ahora bien, y esto no es culpa de la banda, hay una carencia que se nota, y se nota más todavía cuando esos directos quedan grabados, buena parte de esas grabaciones de directo suenan planas, sin alma, no le hacen justicia a lo que están tocando encima del escenario. Que sean amateurs no quita que la producción importe, incluso en directo, un grupo que lo da todo encima del escenario se merece que ese esfuerzo se escuche igual de bien fuera de la sala. Dicho esto, rebuscando en Spotify me he topado con Canciones en el desierto producido como Dios manda, y ahí la cosa cambia por completo, dos temas del disco me han durado en el reproductor lo suficiente como para sentarme a analizarlos con calma.

Dos balas para una forajida

Dos balas para una forajida arranca con una guitarra melódica marcando un groove clásico de country rock, un punteo sencillo pero que funciona, hasta que batería y bajo entran juntos en un momento que sienta genial, y ahí es cuando la voz toma las riendas para contarnos la historia. Y qué historia, una mujer que monta su caballo entre el polvo del desierto, con ojos negros y piel de fuego, con solo dos balas en el cinto y una vida entera sin miedo, la letra la construye como leyenda desde la primera estrofa, no es solo una fugitiva, es ya un mito que se cuenta de boca en boca en las cantinas, con los hombres que ha dejado atrás en su camino sin piedad, y ahí está el primer contraste que me engancha, esa fama de dureza convive con un verso que la desnuda por completo, su alma de cristal, la forajida que todos temen resulta ser frágil por dentro, y esa grieta es la que hace el personaje interesante de verdad.

El otro hilo que recorre la letra es el fatalismo tranquilo, sabe que su fin se acerca pero sigue sin dudar, sabe que su tiempo es breve pero eso no la va a parar, no hay angustia ni lamento, hay una aceptación serena de que la libertad tiene fecha de caducidad y aun así merece la pena vivirla hasta el final, con la luna como único testigo y el fuego por dentro como única compañía. Y ese fatalismo tranquilo es justo lo que la tonalidad de Si menor viene a subrayar, en el Romanticismo se asociaba con la paciencia y la resignación ante el destino, y aquí encaja como un guante, a 105 pulsaciones por minuto, el paso firme de quien camina hacia su suerte sin prisa. La reflexión que me queda al terminarla es esa, la canción no habla de escapar del destino sino de habitarlo con dignidad, y esa idea suena en cada acorde tanto como en cada verso, letra y tonalidad tirando en la misma dirección, que no es poco.

La producción está muy cuidada, la batería suena punchy y acompaña perfectamente el tema, el bajo, que suele ser mi instrumento favorito, se nota en su sitio, detrás, siempre presente, y la guitarra melódica se coloca también atrás dejando respirar a la voz, que es la auténtica estrella de la canción. Y con esa arquitectura de mezcla el desarrollo tiene sentido, la energía sube sostenida en el primer tercio, se mantiene alta durante buena parte del tema con un pico hacia los dos minutos, y luego se apaga poco a poco, como quien ve alejarse a la forajida hasta perderla en el horizonte.

Ahora bien, si algo le pediría a esta canción es un poco más de fuerza en la voz, ahora mismo suena algo extraña, desconozco si es una decisión artística, pero da la sensación de que se han cortado demasiado las frecuencias bajas y queda fina, casi telefónica, personalmente la habría disfrutado aún más con algo más de cuerpo. Dicho esto, estamos ante una canción de muy alto calibre, de esas que los fans de la música americana clásica van a disfrutar sin dudarlo, y que a quien no conozca el estilo seguro que le abre la puerta, una muestra más del potencial de una banda a la que pienso seguir de cerca.

Too Good to be Forgotten

Too Good to be Forgotten cambia el paso por completo, el groove es mucho más alegre y marchoso, seguimos en country rock pero aquí le hace más ojitos al rock puro y duro. La mezcla está pensada al detalle, la guitarra rítmica se coloca a la izquierda muy cohesionada con el resto, la batería es sutil pero extremadamente efectiva, el bajo suena a la derecha perfectamente reconocible, y la guitarra solista entra por el centro rompiendo sobre todo lo demás, un panorama estéreo que se nota trabajado con cariño. Y a 140 pulsaciones por minuto, casi cuarenta más que Dos balas para una forajida, la canción no camina, empuja hacia delante de principio a fin.

Ese empuje también está en la tonalidad, La mayor, que en el Romanticismo se asociaba con la alegría juvenil y la confianza, la tonalidad de quien no tiene nada que esconder y lo celebra, y aquí el título no engaña, la letra es puro romanticismo, un amor perdido que el narrador no consigue ni quiere olvidar, la promesa de que la amará siempre porque es demasiado buena como para caer en el olvido. Y ahí está la gracia de la canción, coge una herida, la de un amor que ya no está, y en vez de vestirla de Si menor y lamento, la viste de La mayor y la convierte en celebración, no se llora la pérdida, se celebra que haya existido, justo lo contrario del fatalismo tranquilo que vertebraba la canción anterior, y la energía lo confirma, aquí crece sostenida casi hasta el final, con el pico más fuerte alrededor de los tres minutos, una canción que no se administra, que va a más.

La voz tiene mucho más cuerpo en esta ocasión, y los backing vocals le quedan de maravilla, se nota la pasión de la banda por lo que hace, y esa pasión contagia, es de esas canciones que te sacan una sonrisa de principio a fin y te dejan con ganas de más. Que la voz suene aquí con tanta más presencia que en Dos balas para una forajida me hace pensar que aquel tono más fino y contenido fue una decisión artística, y la respeto, aunque sigo pensando que la cantante tiene potencial de sobra para sonar aún más contundente, un pequeño empuje en torno a los 2000 o 2500 Hz y un compresor sutil le darían ese cuerpo y esa presencia que todavía le falta. A los backing vocals les pediría algo parecido, un poco más de compresión y quizás algo de efecto para hacerlos más oníricos, aunque entiendo que eso alejaría el tema del sonido más puro y clásico que la banda parece buscar, y esa decisión también se respeta.

Dicho todo esto, felicito tanto a la banda como al equipo de grabación, mezcla y masterización, este es un trabajo excelente, energía, pasión y buen hacer a partes iguales.

Y ahora qué

Y ya puestos a pedir, el Patreon de la banda esconde contenido extra tras un muro de pago que puede echar para atrás a quien todavía no conoce a Forajidos, ojalá lo mantengan tal cual está pero sumando algo más de material gratuito que sirva de anzuelo, no les vendría nada mal para captar a los que aún no han caído en la trampa. Porque una vez caes, ya no sales, o al menos yo no querría salir de un directo suyo.

Lo que sí tengo claro es que Forajidos ya han demostrado que saben entrar en un estudio y salir con un resultado de este nivel, así que mis deseos van por otro lado, que se promocionen mucho mejor, que el trabajo que hay detrás de Canciones en el desierto llegue a más oídos de los que está llegando ahora mismo, y si este artículo ayuda un poco a eso, bienvenido sea. Ayudaría también revisar la web, a mí no me ha cargado bien al intentar entrar, y eso son escuchas y entradas a conciertos que se quedan por el camino sin que nadie tenga la culpa, simplemente cosas de mantenimiento que conviene no descuidar. Que no dejen de escribir, que haya más discos y más giras, y que un servidor tenga la suerte de verlos algún día en directo, esa es la meta.

Y quiero cerrar dejando clara una cosa, este trabajo no es perfecto, ninguno lo es, pero tiene alma, y el alma es lo que de verdad importa y lo que separa a una banda que toca por amor de una que solo cumple el expediente. Cada disco que saquen será una oportunidad de seguir mejorando, y con el nicho que se han labrado, entre la Americana, el country rock y el southern rock hecho en Sevilla, el potencial está ahí de sobra para seguir creciendo.

Forajidos, seguid al pie del cañón.

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