El 13 de noviembre llega la reedición ampliada de Fear of Music, el disco que Talking Heads publicaron en 1979 y que, con el paso del tiempo, ha terminado siendo uno de los registros más incómodos y más honestos de toda aquella era post-punk. La edición viene en dos formatos, una caja de seis vinilos y un paquete en CD más Blu-ray, y junto al álbum original remasterizado incluye rarezas y dos conciertos completos de la gira de presentación del disco, también de 1979. Es decir, material de primera mano del momento exacto en que ese disco existía como cosa viva, no como objeto de museo.
La noticia llega sin mucho ruido previo, que es casi la única forma en que este tipo de reediciones debería llegar. No hace falta campaña de misterio para un disco que ya tiene su lugar ganado. Lo que importa es lo que viene dentro.
1979 fue un año raro para ser Talking Heads
Para entender qué es Fear of Music hay que recordar dónde estaba la banda cuando lo grabaron. Venían de More Songs About Buildings and Food (1978), su primer trabajo con Brian Eno como productor, y la colaboración había funcionado mejor de lo que nadie esperaba. Así que repitieron. Eno volvió a la producción, y el resultado fue un disco más oscuro, más anguloso, más difícil de colocar en una estantería.
Talking Heads en ese momento no eran exactamente una banda de culto ni exactamente una banda popular. Vivían en ese espacio intermedio que es el más difícil de sostener, demasiado extraños para la radio convencional, demasiado accesibles para el underground más estricto. Fear of Music los dejó justo ahí, en esa tierra de nadie que a la larga resulta ser el sitio más interesante donde haber estado.
El disco llegó antes de Remain in Light, que es el que suele llevarse todos los titulares cuando se habla del período dorado de la banda. Eso ha hecho que Fear of Music quede un poco en la sombra de su sucesor, lo cual es una injusticia que esta reedición tiene la oportunidad de corregir, al menos parcialmente.
Lo que cambia cuando escuchas un disco con sus conciertos al lado
Incluir dos actuaciones completas de la gira de 1979 no es un detalle menor. Es la diferencia entre comprar un disco y comprar un contexto.
Hay algo que los conciertos de aquella época de Talking Heads hacen que el estudio no puede replicar del todo. David Byrne en directo era una cosa físicamente extraña, un cuerpo que se movía de una manera que no terminaba de cuadrar con la música y que al mismo tiempo la explicaba mejor que cualquier entrevista. Tina Weymouth y Chris Frantz construían una base rítmica que en estudio sonaba contenida y en directo se abría de una forma que acercaba aquellas canciones al funk sin abandonar del todo la frialdad post-punk. Jerry Harrison añadía texturas que en el vinilo original quedaban enterradas en la mezcla.
Con la información disponible por ahora, no se sabe exactamente qué fechas o recintos corresponden a esos dos conciertos. Eso es un dato que importa, porque no es lo mismo una sala pequeña en Nueva York que un festival europeo, y la banda sonaba diferente según el contexto. Lo que sí se puede decir es que 1979 fue el año en que Talking Heads empezaron a expandir su formación en directo, añadiendo músicos que ampliarían las posibilidades del sonido, y que ese proceso de transformación es audible en las actuaciones de esa gira.
La remasterización del álbum original también es relevante. Fear of Music tiene una producción densa, con capas que en las ediciones anteriores no siempre respiraban bien. Si la remasterización está bien hecha, hay detalles en ese disco que ahora mismo mucha gente no ha escuchado todavía aunque crea que conoce el álbum.
El formato físico como declaración de intenciones, no como nostalgia
Una caja de seis vinilos en 2024 no es un producto para todo el mundo, y eso es exactamente lo que debería ser. No tiene sentido fingir que este tipo de edición va dirigida a un público masivo. Va dirigida a la gente que todavía compra discos físicos con criterio, que tiene un equipo de sonido donde importa la diferencia entre una edición y otra, y que entiende que pagar por una caja de estas características es pagar por algo que el streaming no puede dar.
Eso no es nostalgia. O no es solo nostalgia. Es también una apuesta por el objeto como experiencia, por la idea de que escuchar música puede ser algo más que poner una playlist en segundo plano mientras haces otra cosa. El vinilo obliga a una atención que el streaming no exige, y hay discos que solo se entienden del todo cuando les prestas esa atención.
Fear of Music es uno de esos discos. Tiene canciones que suenan fáciles en una primera escucha y que esconden una cantidad de decisiones extrañas debajo. Life During Wartime parece directa hasta que te fijas en lo que está haciendo rítmicamente. Heaven parece una balada hasta que te das cuenta de lo que dice la letra sobre el aburrimiento y la repetición. Animals es casi una broma hasta que deja de serlo. Ese tipo de disco merece el formato que te obliga a quedarte sentado con él.
La industria lleva años diciéndonos que el vinilo es una moda, que va a desaparecer, que es marketing para millennials con dinero. Y el vinilo sigue ahí. Igual que Fear of Music.
Lo que queda por saber antes del 13 de noviembre
Faltan detalles que cambiarían bastante la valoración de esta edición. No se sabe todavía qué rarezas se incluyen exactamente, y eso importa. Si son demos conocidos o versiones alternativas que ya circulan en bootlegs, el valor añadido es menor. Si hay material inédito real, grabaciones de estudio que no han salido antes, la cosa cambia completamente.
Tampoco se sabe el precio de la caja de vinilos, que en este tipo de ediciones suele ser el dato que decide si la conversación es sobre música o sobre si el sello está cobrando demasiado por algo que debería ser accesible. Es una conversación legítima y que probablemente habrá que tener cuando se confirmen los números.
Lo que sí está claro es que el 13 de noviembre hay una fecha marcada, y que alguien va a escuchar Fear of Music por primera vez gracias a esta reedición. Esa persona va a encontrar un disco que suena a 1979 y que al mismo tiempo suena a algo que todavía no tiene nombre del todo. Eso no lo consiguen muchos discos de ninguna época. Que siga circulando, en el formato que sea, no es un mal asunto.
Fuente original: Reedición ampliada de Fear of music, de Talking Heads.
