Eduardo Rodríguez Rodway murió el 26 de septiembre de 2026 en el Hospital Universitario, a los 81 años. Era el último miembro superviviente de Triana, la banda sevillana que en los años setenta hizo algo que muy pocos grupos españoles han conseguido antes o después, mezclar el flamenco con el rock progresivo de una manera que no sonaba a experimento de laboratorio sino a algo vivo, urgente y propio. Con su muerte se cierra definitivamente una historia que ya llevaba décadas cerrada en los escenarios, pero que seguía teniendo un representante en el mundo. Ahora ya no.

La nota de prensa que comunicó el fallecimiento habla de «profundo dolor y tristeza». No hace falta añadir mucho más a eso. Lo que sí merece la pena es pararse un momento a pensar qué significa perder al último de ellos, no solo como hecho biográfico sino como punto final a una era de la música española que todavía no ha recibido el reconocimiento que le corresponde fuera de sus fronteras.

Triana y el eslabón que se rompe con Rodway

Triana se formó en Sevilla a principios de los setenta. El núcleo original lo componían Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios, conocido como Tele. Jesús de la Rosa murió en 1995. Tele lo hizo en 2002. Rodway era el que quedaba. Durante más de dos décadas fue el último testigo directo de lo que ocurrió en aquellos estudios, en aquellos escenarios, en aquella época en la que hacer rock en España con raíces flamencas era una apuesta que muchos no entendían y que ellos hicieron sonar como si no hubiera otra opción posible.

El primer disco de Triana, El patio, salió en 1975. Llegó en un momento en el que España estaba cambiando a velocidad de vértigo y la música popular intentaba encontrar un lenguaje propio que no fuera ni copia del rock anglosajón ni continuación del folklore oficial. Triana encontró ese lenguaje. No fue el único grupo en intentarlo, pero sí uno de los pocos que lo logró con coherencia durante varios discos seguidos.

Rodway aportaba la columna vertebral rítmica y armónica que sostenía todo ese edificio. Su guitarra no era un adorno sobre una base de teclados y batería. Era parte estructural del sonido. Cuando escuchas canciones como Recuerdos de una noche o Abre la puerta, la guitarra no está decorando, está construyendo.

Lo que se pierde cuando muere el último que estuvo allí

Hay algo concreto que desaparece cuando muere el último miembro de una banda histórica. No es solo la persona. Es la posibilidad de que alguien que vivió aquello de primera mano pueda hablar de ello, corregir un dato erróneo, añadir un matiz que no está en ninguna entrevista archivada, recordar algo que nadie pensó en preguntar a tiempo.

La música española de los setenta sigue siendo un territorio mal documentado. No porque no haya material, sino porque durante mucho tiempo no hubo voluntad institucional ni editorial de tomárselo en serio. El rock progresivo español, el flamenco fusión de aquella época, las bandas que operaban desde ciudades que no eran Madrid, todo eso ha vivido durante décadas en una especie de limbo entre la nostalgia de quienes lo vivieron y el desconocimiento de generaciones posteriores que nunca tuvieron fácil acceso a esa música.

Triana es una de las pocas excepciones que ha conseguido traspasar esa barrera generacional, al menos parcialmente. Sus discos siguen escuchándose. Siguen apareciendo en listas de lo mejor de la música española. Pero eso no significa que la historia esté bien contada ni que el legado esté bien preservado. La muerte de Rodway es un recordatorio de que el tiempo para hacer eso bien se acaba.

Una guitarra que no iba donde se esperaba que fuera

Con la información disponible sobre la trayectoria musical de Rodway, lo que se puede decir con seguridad es que su manera de tocar la guitarra dentro de Triana no respondía a ningún manual previo. El rock progresivo europeo de los setenta tenía sus propios códigos, sus propias referencias, sus propias formas de lucimiento técnico. El flamenco tenía los suyos, completamente distintos. Rodway operaba en el espacio entre esos dos mundos sin pedir permiso a ninguno de los dos.

Eso es más difícil de lo que parece. Mezclar géneros es fácil cuando se hace de forma superficial, un riff aquí, un compás de por allá. Lo que Triana hizo, y lo que la guitarra de Rodway sostuvo durante años, era algo más profundo. Era pensar la música desde dentro de las dos tradiciones al mismo tiempo, no pegar una encima de la otra.

La pregunta interesante no es solo cómo sonaba su guitarra, sino qué habría pasado si Triana hubiera tenido la proyección internacional que tuvo, por ejemplo, Camel o Gentle Giant. Probablemente estaríamos hablando de ellos de otra manera. Esa proyección nunca llegó, en parte por el contexto político y cultural de la España de entonces, en parte porque el mercado anglosajón tenía muy poco interés en lo que venía de aquí. Eso no cambió el valor de la música. Solo cambió quién la escuchó.

Lo que queda y lo que habría que hacer con ello

Los discos de Triana existen. Están disponibles. Eso es lo más importante. El patio, Hijos del agobio, Sombra y luz, Un encuentro, toda esa discografía sigue ahí para quien quiera entrar en ella. La muerte de Rodway no borra nada de eso.

Lo que sí debería ocurrir a partir de ahora, y que probablemente no ocurrirá con la urgencia que merece, es que alguien se tome en serio el trabajo de documentar bien esa historia. Entrevistas, archivos, grabaciones inéditas si las hay, el contexto de cada disco, las decisiones de producción, lo que se intentó y no salió. Ese trabajo existe en otros países para bandas de importancia similar. En España cuesta más, por razones que tienen que ver con cómo se valora la música propia y con cómo funciona la industria cultural cuando mira hacia atrás.

Rodway tenía 81 años. Había vivido lo suficiente para ver cómo Triana pasaba de ser una banda activa a convertirse en referencia histórica. Lo que no se sabe es cuánto de lo que él sabía quedó registrado en algún sitio. Esa es la pregunta que queda flotando. Y es la que debería incomodar a quien tenga algo que ver con la preservación de la música española.

Fuente original: Muere Eduardo Rodríguez Rodway, guitarrista de Triana.

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