Alyssa Bonagura lleva años construyendo una carrera que no encaja bien en los moldes del Nashville más comercial. Su nuevo trabajo, America’s Backroads, lo deja claro desde el título. Las carreteras secundarias, no las autopistas. Los segundos planos, no los escaparates. La cotidianidad, no el espectáculo. Es una declaración de intenciones antes de escuchar ni una sola nota.
El disco llega revisado por Javier Márquez Sánchez en Efe Eme, que se detiene en lo que hace distinto a este trabajo dentro del panorama country-folk actual. Y tiene razón en detenerse, porque discos así no abundan. No porque sean raros, sino porque el mercado no los empuja. Llegan solos, por su propio peso, o no llegan.
Bonagura viene de una familia con raíces profundas en la música americana. Su padre es Bobby Bonagura, de Highway 101. Creció dentro de ese mundo, lo que significa que el costumbrismo que aparece en America’s Backroads no es una pose adoptada para diferenciarse. Es una forma de mirar que viene de antes.
Hija de la carretera antes de escribir la primera canción
Hay artistas que descubren el Americana en algún momento de su veintena, como quien encuentra un género en Spotify y decide construir una identidad alrededor. Bonagura no es ese caso. Creció literalmente en ese circuito, entre giras, furgonetas y ciudades medianas que no salen en los documentales sobre música americana pero que son las que realmente sostienen ese ecosistema.
Eso se nota en cómo escribe. El costumbrismo que describe Márquez Sánchez en su lectura del disco no es folclore decorativo. Es observación directa. La diferencia entre los dos es enorme. El primero es estética. El segundo es literatura.
Su trayectoria previa incluye trabajo como compositora para otros artistas y discos propios que se movieron en el circuito de la música independiente americana sin hacer demasiado ruido mediático. America’s Backroads parece ser el momento en que esa acumulación de experiencia se convierte en algo más articulado, más consciente de lo que quiere decir y de cómo quiere decirlo.
El título del disco ya funciona como manifiesto. Las backroads son lo contrario del camino rápido. Son los desvíos donde todavía existe algo que el turismo cultural no ha homogeneizado. Bonagura elige ese territorio y lo convierte en material de canción.
Lo que dice este disco sobre quién sobrevive fuera del algoritmo
El country mainstream lleva años en una deriva que a muchos oyentes les resulta difícil de seguir. La fusión con el pop, la producción cada vez más pulida, las letras que podrían pertenecer a cualquier género. No es un juicio moral, es una observación. El mercado tira hacia ahí y los artistas que quieren visibilidad masiva se adaptan o desaparecen de las listas.
Lo que hace Bonagura con America’s Backroads es exactamente lo contrario. Y eso tiene un coste real. No vas a encontrar este disco en las listas de Spotify de country más escuchado. No va a sonar en las radios que mueven números. Pero existe un circuito, más pequeño y más leal, donde este tipo de música encuentra a su gente sin necesidad de pasar por el filtro del algoritmo.
Eso ya es algo. No es poco. El modelo de carrera que representa Bonagura, artista independiente con raíces familiares en el género, que escribe sobre lo cotidiano sin convertirlo en espectáculo, es un modelo que la industria no sabe muy bien cómo monetizar pero que produce algunos de los discos más honestos de cualquier temporada.
La pregunta que queda flotando es si ese modelo es sostenible a largo plazo o si en algún momento la presión económica obliga a compromisos que cambian lo que se está haciendo. Por ahora, con este disco, la respuesta parece ser que no.
Una voz que no necesita adornos para sostenerse
Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir de America’s Backroads apunta a un trabajo donde la instrumentación no compite con las letras sino que las sostiene. El Americana bien hecho funciona así. La guitarra, la pedal steel si aparece, la voz, los arreglos que dejan espacio. Nada que tape lo que se está diciendo.
Bonagura tiene una voz que no necesita demostrar nada. No es el tipo de cantante que usa la técnica para impresionar. Es el tipo que usa la técnica para desaparecer dentro de la canción, que es exactamente lo que pide este material. Cuando alguien escribe sobre cotidianidad y costumbrismo, la última trampa en la que puede caer es sonar grandilocuente. Ella no cae.
Lo que describe Márquez Sánchez como protagonismo de los segundos planos es, en términos musicales, una apuesta por la canción como fotografía. No como pintura de historia. No como gran fresco emocional. Sino como imagen precisa de algo pequeño que, visto de cerca, resulta ser enorme.
Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta el disco, Bonagura está consolidando un lenguaje propio que tiene más que ver con escritoras como Iris DeMent o Nanci Griffith que con el country que domina las listas. Esa es una genealogía exigente. Y al mismo tiempo, la más interesante en la que podría estar.
Lo que queda por ver de este disco en la carretera
Un disco sobre las backroads americanas necesita ser probado en directo para saber si aguanta el peso. Ese es el siguiente paso que hay que vigilar. Si Bonagura sale a girar este material, y tiene todo el sentido que lo haga dado el tipo de música que es, la reacción del público en salas pequeñas va a decir mucho sobre si el disco ha conectado de verdad o si funciona solo como objeto de escucha privada.
También queda ver cómo lo recibe la prensa especializada en Americana fuera de España. Publicaciones como No Depression o American Songwriter son los termómetros reales de este circuito. Si el disco llega a esas conversaciones, tiene recorrido. Si se queda solo en las reseñas europeas, el alcance va a ser más limitado.
Por ahora, America’s Backroads existe como un argumento claro sobre qué tipo de música todavía merece ser hecha con cuidado. Eso no es poco en un momento donde la velocidad de publicación convierte muchos discos en contenido desechable antes de que alguien haya tenido tiempo de escucharlos dos veces.
Fuente original: Alyssa Bonagura: el viaje de vuelta a las carreteras secundarias.
