Neil Peart murió el 7 de enero de 2020. Tres años y medio después, la industria sigue sin saber muy bien qué hacer con su legado, y eso dice más de la industria que del músico. Ahora, según informa Rafabasa, hay un documental en marcha dedicado específicamente a él, al batería de Rush, al hombre que redefinió lo que un instrumento de percusión podía hacer dentro de una banda de rock. Los detalles concretos sobre estreno y distribución son todavía escasos, pero el proyecto existe y ya tiene forma suficiente como para anunciarse.

La misma fuente recoge también una reedición de Flotsam and Jetsam y un single de Bülent Ceylan. Tres noticias distintas en un mismo bloque. Aquí me quedo con Peart, porque es donde hay más que decir.

Cuatro décadas dentro de Rush y todavía no hay consenso sobre cómo medirlo

Rush publicó su primer disco en 1974. Peart entró en la banda en 1975, justo antes de grabar Fly by Night, y desde ese momento la batería del grupo dejó de ser un instrumento de soporte para convertirse en una voz más dentro de un trío que funcionaba con una densidad orquestal que pocas bandas de rock han conseguido antes o después.

Lo que hizo Peart no era solo técnica, aunque la técnica era brutal. Era arquitectura. Construía estructuras rítmicas que servían de columna vertebral a canciones como Tom Sawyer, YYZ o La Villa Strangiato, piezas que siguen siendo referencia en conservatorios y en foros de batería de todo el mundo. Tocaba con dos bombos, platillos de todos los tamaños, percusiones electrónicas, y lo hacía dentro de una banda que componía en compases de 7/8 o 5/4 como si fuera lo más natural del mundo.

Rush nunca fue un grupo fácil de colocar en un estilo. Demasiado progresivo para el hard rock, demasiado rockero para el prog puro, demasiado raro para la radio convencional. Y aun así llenaron estadios durante décadas. Eso no pasa por accidente.

Peart también escribía las letras. Eso es algo que se olvida con frecuencia cuando se habla de él solo como batería. Desde 2112 hasta Clockwork Angels, fue la voz literaria del grupo, alguien que leía a Ayn Rand, a Camus y a Mark Twain y lo metía todo en canciones de rock progresivo sin que sonara pedante. A veces sonaba pedante, claro. Pero la mayoría de las veces funcionaba.

Por qué un documental sobre un batería es una decisión que no debería necesitar justificación

Los documentales musicales se han convertido en un formato seguro. Netflix, Amazon, HBO, todos tienen los suyos. La mayoría siguen el mismo esquema, archivo de conciertos, entrevistas con compañeros de banda, fans emocionados, alguna anécdota de gira. Funcionan porque el público que quiere a ese artista ya está ahí esperando.

El problema es que casi todos esos documentales son sobre cantantes o guitarristas. La sección rítmica sigue siendo el pariente pobre de la narrativa musical en pantalla. Un documental sobre John Bonham, sobre Keith Moon, sobre Ginger Baker, sobre Peart, debería ser algo que los sellos y las plataformas pelearan por producir. Que este proyecto sobre Peart haya tardado más de cuatro años en materializarse dice algo sobre cómo se valora todavía la batería dentro de la jerarquía del rock.

No es un problema nuevo. Es un problema viejo que la era del streaming no ha corregido, más bien ha reforzado. El algoritmo premia la cara visible, la voz, el nombre que aparece primero en el cartel. La sección rítmica sigue siendo invisible para quien no sabe escuchar.

Un documental bien hecho sobre Peart tiene la posibilidad de cambiar eso, al menos para una generación de músicos jóvenes que lo conocen por YouTube pero no tienen contexto sobre lo que significó dentro de la historia del rock.

Lo que se puede decir del sonido de Peart con lo que hay sobre la mesa

Con la información disponible por ahora, no se puede saber qué ángulo tomará el documental. Si se centra en la técnica, en la persona, en la tragedia personal que vivió Peart a finales de los noventa cuando perdió a su hija y a su mujer en menos de un año, o en la decisión de Rush de retirarse en 2015 después de R40 Live.

Cualquiera de esos ángulos da para una película. La pregunta interesante no es solo cómo suena el documental, sino qué versión de Peart elige mostrar. El virtuoso técnico que hacía solos de batería de diez minutos en directo. El escritor que firmaba letras sobre libre albedrío y filosofía estoica. O el hombre que después de perder a su familia se montó en una moto y recorrió América del Norte durante meses antes de volver a tocar.

Si esta producción tiene acceso a archivo real de Rush y a gente que lo conoció de cerca, puede ser algo importante. Si es un collage de entrevistas genéricas con fans famosos, será un documental más.

Lo que hay que vigilar antes de juzgar nada

La fecha de estreno, la plataforma de distribución y quién está detrás de la producción son los tres datos que todavía faltan y que van a determinar el alcance real de este proyecto. No es lo mismo un estreno en cines con distribución internacional que un lanzamiento directo a una plataforma de streaming de nicho.

Rush tiene una base de fans que lleva décadas siendo fiel sin necesitar que el algoritmo los empuje. Esa comunidad va a ver el documental pase lo que pase. La pregunta es si el proyecto tiene ambición suficiente para llegar más allá de los ya convencidos, a alguien que no sabe quién es Neil Peart y que después de verlo entiende por qué debería saberlo.

Eso es lo difícil. Y eso es lo único que merece la pena intentar.

Fuente original: RUSH – FLOTSAM AND JETSAM – BÜLENT CEYLAN..

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