Tom Waits ha publicado un nuevo single. Se llama «The Fly» y sale por ANTI-, el sello que lleva acompañándole desde Blood Money y Alice en 2002. El tema es un monólogo hablado, no cantado, en el que Waits dedica varios minutos a hablar de la mosca común con una mezcla de desprecio y algo que se parece bastante a la admiración. Vida corta, existencia anónima, ningún lugar fijo en el mundo. Si eso no suena a Tom Waits, no sé qué lo hace.
No hay fecha de disco anunciada todavía, al menos no de forma oficial. Pero que Waits publique algo en 2024 ya es, de por sí, una noticia que merece pararse a mirar. Este hombre no suelta música porque le toque según el calendario de marketing de nadie.
Veinte años largos de silencio selectivo y muy pocas concesiones
El último álbum de estudio de Tom Waits fue Bad as Me, publicado en 2011. Trece años. Para cualquier otro artista eso sería una crisis de carrera, un retiro forzado o directamente el olvido. Para Waits es casi coherente con su forma de entender esto.
Desde los setenta ha construido una obra que no obedece a ninguna lógica de industria. Empezó con piano de bar y voz de medianoche en discos como Closing Time o Small Change, giró hacia algo más oscuro y experimental con Swordfishtrombones en 1983, y desde entonces ha hecho básicamente lo que le ha dado la gana. Rain Dogs, Frank’s Wild Years, Bone Machine, Mule Variations. Un catálogo que no tiene equivalente directo en ningún otro sitio.
ANTI- Records es un sello de Epitaph que funciona como refugio para artistas que no encajan en ninguna otra categoría. Neko Case, Nick Cave, Mavis Staples, Joanna Newsom. El tipo de artistas que necesitan un sello que les deje en paz. Que Waits lleve más de veinte años ahí no es casualidad.
Lo que ha publicado en estos años de silencio discográfico ha sido escaso y siempre con motivo real. Alguna colaboración, alguna aparición puntual. Nada por cubrir el expediente.
Lo que dice publicar una canción sobre una mosca en 2024
Hay una pregunta que vale la pena hacerse. ¿Por qué ahora y por qué esto?
El streaming ha convertido la publicación de música en un acto casi reflejo. Hay artistas que sueltan singles cada tres semanas para alimentar el algoritmo, para mantenerse en las listas de reproducción generadas automáticamente, para no desaparecer del radar de Spotify. Es una lógica comprensible desde el negocio y bastante deprimente desde el arte.
Waits no ha publicado nada en trece años y cuando vuelve lo hace con un monólogo sobre una mosca. Eso no es un movimiento calculado para el algoritmo. Es exactamente lo contrario. Es alguien que publica cuando tiene algo que decir y cómo quiere decirlo, sin que importe si eso encaja en ninguna playlist de «singer-songwriter classics» o en ningún ciclo de promoción estándar.
En un momento en que la industria presiona a casi todo el mundo para producir contenido constante, que alguien con el peso de Waits aparezca con algo así es un recordatorio de que existe otra forma de hacer esto. No mejor ni peor en abstracto, pero sí radicalmente distinta. Y esa diferencia tiene valor, aunque sea incómoda para quien lleva los números.
Una voz que habla, no canta, y aun así lo dice todo
El formato hablado no es nuevo en Waits. Ha usado el spoken word a lo largo de toda su carrera, a veces como puente entre canciones, a veces como pieza central. En Bone Machine hay momentos en que la voz es casi un instrumento de percusión. En Rain Dogs convive lo melódico con lo casi recitado sin que nada chirríe.
Que «The Fly» sea un tema hablado no significa que sea un experimento menor o una rareza de cara B. Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que la elección del formato encaja perfectamente con el tema. Una mosca no merece una balada. Merece que alguien la mire fijo y hable de ella con esa mezcla de asco y respeto que Waits maneja mejor que nadie.
El humor ácido que describe la canción también es territorio conocido. Waits ha sido siempre un escritor antes que un músico en el sentido convencional. Sus letras funcionan como prosa, como teatro, como monólogo de bar a las cuatro de la mañana. Una mosca, una vida corta, el anonimato como condición de existencia. Hay ahí una lectura bastante obvia sobre la condición humana que Waits tiene el buen gusto de no subrayar en exceso. Lo deja ahí y se va.
Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta «The Fly», estamos ante un Waits que no tiene ningún interés en volver a donde estaba ni en justificarse ante nadie. Eso, para alguien de setenta y cuatro años con el catálogo que tiene, es exactamente lo que cabría esperar.
Lo que queda por saber después de la mosca
La pregunta evidente ahora mismo es si «The Fly» es un single suelto o la primera señal de un disco nuevo. ANTI- no ha confirmado nada más, y Waits tampoco es de los que filtran información por anticipado ni montan campañas de expectativa en redes sociales.
Lo que sí tiene sentido vigilar es si aparecen más singles en los próximos meses. Si Waits está en modo de publicación, aunque sea a su ritmo, podría significar que hay un proyecto más grande detrás. O podría no significar nada y ser exactamente lo que parece, una canción sobre una mosca publicada porque le apeteció.
Cualquiera de las dos opciones es igualmente válida viniendo de él. Y cualquiera de las dos merece atención. Porque cuando Tom Waits abre la boca, aunque sea para hablar de un insecto, suele haber algo debajo que vale la pena escuchar.
Fuente original: La nueva canción de Tom Waits.
