Kevin Morby publicó Little Wide Open, su octavo disco de estudio, con Aaron Dessner en la producción. El mismo Aaron Dessner que lleva años siendo la mano invisible detrás de algunos de los discos más interesantes que ha dado el indie norteamericano en los últimos quince años. Eso solo ya dice algo sobre dónde está parado Morby ahora mismo y qué tipo de disco quería hacer.

El álbum cierra la trilogía que Morby ha dedicado al Medio Oeste americano. Tres discos construidos alrededor de una geografía, una forma de vida y una estética que no tiene nada que ver con el pop de costa que copa listas. Eso, en 2024, es una decisión. No un accidente.

Xavier Valiño ha analizado el trabajo en Efe Eme, y la comparación que usa para describir la relación entre Morby y Dessner es la de Tom Petty y Rick Rubin. No es un piropo vacío. Es una forma de decir que aquí hay dos personas que saben exactamente lo que están haciendo y que se dejan espacio el uno al otro para hacerlo bien.

Ocho discos y una geografía propia

Kevin Morby lleva más de una década construyendo una carrera que no encaja bien en ninguna caja. Salió de Woods, giró durante años con The Babies, y desde que empezó en solitario ha publicado con una regularidad que ya quisieran muchos artistas con el doble de presupuesto. Ocho discos en poco más de diez años no es una anomalía, es una forma de entender la música como oficio.

La trilogía del Medio Oeste no es un concepto forzado. Morby creció en Kansas City y ha vuelto a ese territorio, físico y emocional, de manera consistente en su trabajo. No como nostalgia de postal, sino como material real. Canciones que huelen a carretera de dos carriles, a ciudades que no salen en las listas de los mejores lugares para vivir pero que existen igual.

Dessner, por su parte, lleva años en una posición curiosa dentro de la industria. Es miembro de The National, una banda que ha sabido crecer sin traicionarse, y al mismo tiempo se ha convertido en uno de los productores más buscados del indie anglosajón. Su nombre aparece en discos de Taylor Swift, de Bon Iver, de Big Red Machine. Sabe moverse entre mundos sin perder el hilo. Con Morby, la apuesta es diferente. Aquí no hay crossover comercial que justifique la colaboración. Hay afinidad.

Lo que significa que alguien compare esto con Petty y Rubin

La referencia a Tom Petty y Rick Rubin no es casual ni decorativa. Cuando Rubin produjo Wildflowers en 1994, hizo algo muy concreto, quitó capas. Dejó que Petty sonara a Petty sin adornos innecesarios. El resultado fue uno de los discos más honestos de su carrera, y también uno de los más durables.

Esa es la lectura que hay detrás de la comparación. Dessner no ha ido a imponer un sonido sobre Morby. Ha ido a servir las canciones. Eso es más difícil de lo que parece, porque requiere que el productor tenga ego suficiente para saber cuándo callarse. No todos lo tienen.

Y aquí está la pregunta interesante para cualquiera que siga a Morby de cerca. ¿Cambia algo en el sonido cuando Dessner entra en la ecuación? La respuesta corta, basada en lo que se puede leer del análisis de Valiño, apunta a que sí, pero no de forma disruptiva. Más como alguien que afina un instrumento que ya estaba bien templado.

Esto también dice algo sobre el momento actual de la música independiente. Hay una tendencia a producir discos que suenen a mucho, que estén llenos de capas y texturas y referencias cruzadas, como si el silencio fuera un error. Morby y Dessner parecen ir en la dirección contraria. Eso no es una virtud automática, pero cuando funciona, funciona de verdad.

Una voz que no necesita efectos especiales

Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir de Little Wide Open es que llega desde un lugar de confianza. Ocho discos dan eso. Morby ya no tiene que demostrar que puede escribir canciones, eso está resuelto desde hace tiempo. Lo que hace aquí es otra cosa, afinar, depurar, cerrar un ciclo con intención.

Su voz siempre ha tenido algo de peculiar. No es una voz técnicamente impresionante, pero tiene carácter. Eso es mucho más difícil de fabricar que el rango. Y en el contexto de una producción que, según apunta la comparación con Rubin, busca la transparencia antes que el espectáculo, esa voz tiene sitio para respirar.

Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta la trilogía, el disco probablemente no va a sonar a nada que esté en el top de Spotify ahora mismo. Y eso no es un defecto. Es exactamente el punto. Hay una forma de hacer música que no compite con el algoritmo porque directamente no juega en ese terreno. Morby lleva años ahí, y Little Wide Open parece confirmar que no tiene intención de moverse.

La pregunta musical de fondo no es si el disco es bueno o malo. Es si Morby consigue que ese cierre de trilogía tenga el peso específico que necesita. Que el tercer volumen de algo justifique la existencia de los dos anteriores y al mismo tiempo se sostenga solo. Eso es lo difícil.

Lo que queda por escuchar y por confirmar

El análisis de Valiño en Efe Eme es un punto de entrada, no el mapa completo. Lo que toca ahora es escuchar el disco entero, con tiempo, sin prisa, que es probablemente la única forma de escuchar música de este tipo con honestidad.

También queda por ver si Morby lleva Little Wide Open a directo y en qué formato. Sus giras no suelen ser eventos masivos, pero sí son consistentes. Y hay algo en este tipo de canciones, si la comparación con Petty y Rubin se sostiene en la escucha, que pide ser tocado en salas donde la gente puede oír los detalles.

La trilogía del Medio Oeste ya existe como hecho. Tres discos, una geografía, una forma de ver el mundo desde el centro de un país que la música de costa ignora con demasiada frecuencia. Lo que queda ahora es saber si el tercer acto tiene la altura de los dos primeros, o si la supera. Eso solo lo dice el tiempo y las escuchas repetidas. Pero la combinación de Morby con Dessner en la producción no es una garantía, ninguna combinación lo es, aunque sí es una señal de que alguien tomó decisiones serias antes de entrar al estudio.

Fuente original: Kevin Morby y Aaron Dessner, como Tom Petty y Rick Rubin.

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