El 17 de septiembre la Universidad Autónoma de Madrid acoge una nueva edición del Festival de los Pueblos Ibéricos. Cincuenta años después de su primera convocatoria. María del Mar Bonet, Luis Pastor y Manuel Gerena estarán allí, lo que ya dice bastante sobre la dimensión histórica de lo que se está montando. A ellos se suman Blanca Paloma, Pedro Guerra, Marwán, Karmento y Javier Ruibal, entre otros nombres que todavía no se han anunciado del todo según la información disponible.
Que un festival de estas características llegue a su medio siglo no es algo que ocurra todos los años. Pero lo que de verdad merece atención no es la cifra redonda, sino lo que ese festival representa dentro de la historia de la música popular ibérica, y por qué tiene sentido que vuelva ahora.
Porque sí, hay un «ahora» que importa aquí.
Qué fue el Festival de los Pueblos Ibéricos y por qué su historia no cabe en una línea
El Festival de los Pueblos Ibéricos nació en los primeros años setenta, en plena dictadura franquista, como un espacio donde la música servía de vehículo para algo más que entretenimiento. Era un encuentro de músicas populares de toda la Península, con una voluntad política y cultural muy concreta, visibilizar identidades que el régimen aplastaba sistemáticamente. El catalán, el gallego, el euskera, el portugués, el castellano de los márgenes. Todo eso cabía ahí cuando no cabía en casi ningún otro sitio.
Luis Pastor era ya entonces una voz fundamental del folk urbano madrileño con raíces extremeñas. Manuel Gerena llevaba años siendo la voz flamenca de la protesta, perseguido y censurado. María del Mar Bonet conectaba con la tradición mediterránea y con la Nova Cançó catalana desde Mallorca. Que estos tres nombres estén en el cartel del 17 de septiembre no es nostalgia decorativa. Es continuidad directa.
El festival desapareció del mapa durante décadas. No hubo un cierre oficial sonado, simplemente dejó de convocarse, como tantas cosas que pertenecían a un momento histórico muy concreto y no encontraron su lugar en la transición y lo que vino después. Recuperarlo ahora, desde la UAM, es una decisión que merece más análisis del que suele recibir este tipo de anuncios.
Lo que dice este cartel sobre la música que sobrevive fuera del algoritmo
Blanca Paloma es el nombre más reciente del cartel en términos de visibilidad masiva. Representó a España en Eurovisión 2023 con una propuesta que dividió opiniones pero que nadie pudo ignorar, precisamente porque apostó por una estética alejada del pop comercial de competición. Su presencia aquí tiene lógica, no es un fichaje para modernizar la imagen del festival a la fuerza, encaja con la línea de músicas con raíz que siempre ha definido este espacio.
Pedro Guerra lleva treinta años construyendo una carrera que no depende de los ciclos de la industria. Marwán es uno de los pocos artistas de su generación que ha conseguido llenar teatros con canción de autor sin pasar por los filtros del mainstream. Karmento viene del flamenco más contemporáneo. Javier Ruibal es de esos nombres que quien lo conoce lo defiende con una convicción que no tiene mucho que ver con las listas de reproducción más escuchadas.
Este cartel no está pensado para el algoritmo de Spotify. No hay ningún nombre aquí que viva de los números de streaming semanales. Y eso, en 2024, es casi una declaración de principios.
La pregunta que se puede hacer es si eso es una fortaleza o una limitación. La respuesta honesta es que es las dos cosas a la vez. Estos artistas tienen públicos fieles, comprometidos, que van a los conciertos y compran discos. Pero son públicos acotados. El festival no va a generar tendencia en redes sociales el lunes siguiente. Y probablemente tampoco lo pretende, que es exactamente lo que lo hace interesante.
Cincuenta años de canción ibérica y lo que todavía tiene que decir
Hay algo que vale la pena señalar sobre la música que este festival ha representado históricamente y sigue representando. La canción de autor ibérica, el folk de raíz, el flamenco con conciencia, estas músicas nacieron en España con una función muy específica, hablar de lo que no se podía hablar de otra manera. Eso les dio una densidad lírica y una carga emocional que la mayoría de la música popular de entretenimiento no tiene ni busca tener.
El problema es que cuando desaparece la urgencia política que las originó, estas músicas corren el riesgo de convertirse en patrimonio. Algo que se preserva, se celebra en efemérides y se programa en festivales universitarios, pero que deja de tener tensión real con el presente.
Lo que habría que ver el 17 de septiembre es si los artistas en el escenario consiguen que eso no ocurra. Luis Pastor con setenta y tantos años todavía escribe canciones que no suenan a museo. Javier Ruibal tiene un dominio del lenguaje poético que no necesita del contexto histórico para funcionar. Blanca Paloma viene de un lugar completamente distinto y eso puede generar fricción, en el buen sentido.
Con la información disponible por ahora, no se puede saber cómo está planteado el festival en términos de formato, si hay un hilo conductor entre actuaciones, si hay espacio para el diálogo entre generaciones o si simplemente es un cartel de nombres uno detrás de otro. Ese detalle importa mucho para entender si esto es una celebración o algo con más sustancia.
Lo que queda por confirmar antes del 17 de septiembre
El cartel no está cerrado todavía, al menos según lo publicado hasta ahora. Hay nombres pendientes de confirmar, lo que deja abierta la posibilidad de que el festival añada más artistas en las próximas semanas. Eso también significa que la imagen completa del evento todavía no existe.
Lo que sí existe es la fecha, el lugar y tres nombres históricos que regresan a un festival en el que estuvieron hace cincuenta años. Eso solo ya es suficiente para prestarle atención. La UAM como sede no es casual tampoco, el festival siempre tuvo una conexión con el mundo universitario y con la idea de que la música y el pensamiento crítico pueden compartir espacio.
La pregunta que me quedo es si este regreso va a ser un acto de memoria o un acto de música viva. Las dos cosas pueden coexistir, pero no siempre lo hacen. El 17 de septiembre se sabrá de qué lado cae.
Fuente original: 50 años después regresa el Festival de los Pueblos Ibéricos.
